La patología del poder

La patología del poder eclesial y el clericalismo

 

El Papa Francisco propone un cambio de paradigma para que la Iglesia no actúe de manera totalitaria y recupere la colegialidad

 

 

El complejo del elegido. Con estas palabras Francisco se refiere al origen de lo que él denomina "la patología del poder eclesial". Se trata de una actitud que nace en las casas de formación de clérigos y religiosos, se extiende por las parroquias y se fortalece con estilos de vida no acordes con la dimensión profética del ministerio eclesial.

 

Francisco critica, con frecuencia, a aquellos que entienden el llamado al sacerdocio o a la vida consagrada bajo una deformada teología de la "elección", según la cual Dios separa a una persona del mundo para otorgarle un grado superior respecto de los otros miembros de la Iglesia (Discurso a la curia, 22-12-2014).

 

Esta forma de comprender la vocación sacerdotal y religiosa no responde al seguimiento de Jesús. De aquí deriva una estructura eclesial paralizada que no ha sabido discernir ni responder a los signos de los tiempos.

 

Queda, pues, una institucionalidad reducida a un "círculo cerrado donde la pertenencia al grupo clerical es más importante que el cuerpo eclesial mismo en su conjunto, creando así una grave separación entre laicado y sacerdocio ministerial" (Discurso, 22-12-2014).

 

"La elección" es un servicio y una responsabilidad que debe ser ejercida colegialmente. Su fundamento está en el bautismo de todos por igual, como recuerda Francisco al entender su propio ministerio petrino desde el Documento de Ravena (n.7, 13-10-2007).

 

La elección no es un privilegio ni una separación y menos aún el ejercicio de una tiranía pastoral o administrativa. Si esto no se entiende bien, deriva en el llamado "clericalismo".

 

Ante ello, el Papa ha invitado a obispos y superiores religiosos a revisar las estructuras de formación y a quienes participan de las instancias de decisión.

 

El clericalismo es una deformación del poder eclesiástico que produce una "esquizofrenia existencial", o pérdida del contacto con la realidad. Crea la ilusión de un mundo paralelo donde no existen necesidades reales ni problemas graves, sino seguridades y privilegios.

 

Es un estilo de vida que favorece la "mediocridad ministerial" y las "relaciones interesadas", y convierte a los religiosos "en una caricatura en la cual se actúa un seguimiento sin renuncia, una oración sin encuentro, una vida fraterna sin comunión, una obediencia sin confianza y una caridad sin trascendencia" (Homilía, 2-2-2015).

 

Se aprecia en sacerdotes y religiosos que ostentan cargos para los cuales no están preparados; o asumen funciones con apatía, por obligación, sin voluntad creativa para actualizar las estructuras eclesiales.

 

También se encuentra en la poca trascendencia de las homilías. Quien vive así, dice el Papa, padece de una "petrificación mental" que termina perjudicando a la propia institución en la que trabajan, desde parroquias y colegios, hasta seminarios y universidades.

 

El pontificado de Francisco será recordado por su continuo discernimiento y autocrítica. Quiere rescatar el modo colegial "como se gobernaba en los primeros siglos", donde cada miembro, y no sólo los obispos o los sacerdotes, tenían una responsabilidad importante en el ejercicio de la autoridad y la toma de decisiones.

 

Para lograr esto hay que superar "el clericalismo —ese deseo de señorear sobre los laicos—, que implica una separación errónea y destructiva del clero, una especie de narcisismo" (Entrevista de Antonio Spadaro al Papa Francisco, 27-9-2013).

 

Se trata de un cambio de paradigma para que la Iglesia no siga actuando monárquica y totalitariamente, en parroquias, proyectos educativos y acciones pastorales.

 

Que aprenda a tomar decisiones colegiales porque "muchos no encuentran espacio en sus Iglesias particulares para poder expresarse y actuar, a raíz de ese excesivo clericalismo que los mantiene al margen de las decisiones" (Evangelii Gaudium, 102).

 

Francisco dijo: "Prefiero una Iglesia manchada por salir a la calle, antes que una enferma por el encierro y la comodidad" (EG 49).

 

En Venezuela quedan pendientes grandes tareas para superar el clericalismo. Construir una "Iglesia pobre para los pobres", cuya opción tiene "consecuencias en la vida de fe de todos" (EG 198). Y asumir de nuevo "la formación de laicos, profesionales e intelectuales" (EG 102) que incidan en la vida pública.

 

Por Rafael Luciani, doctor en Teología  rlteologiahoy@gmail.com  @rafluciani