Grupos Bíblicos en la U.P. de Portugalete

 

 Pentecostés


 

Hechos de los apóstoles 2:1-11

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse.


Había en Jerusalén hombres piadosos, que allí residían, venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo. Al producirse aquel ruido la gente se congregó y se llenó de estupor al oírles hablar cada uno en su propia lengua. Estupefactos y admirados decían: «¿Es que no son galileos todos estos que están hablando? Pues ¿cómo cada uno de nosotros les oímos en nuestra propia lengua nativa?  Partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto, Asia,  Frigia, Panfilia, Egipto, la parte de Libia fronteriza con Cirene, forasteros romanos,  judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos les oímos hablar en nuestra lengua las maravillas de Dios.»

 

 

 

Pentecostés era una fiesta judía de alegría por el fin de la cosecha, y la Pascua fiesta de agricultores en la primavera. Dos fiestas separadas por unas 8 semanas. Con el tiempo la Pascua hacía memoria del paso de Dios liberando al pueblo de Egipto y la fiesta del fin de la recolecta va siendo del don de la ley que el Señor había entregado a Moisés algunas semanas después de la salida de Egipto. Y van a distanciarse en 7 semanas. Y se va descubriendo entre ellas una profunda relación: Pascua es la liberación física y Pentecostés como la fiesta de liberación espiritual. Recodar que la ley es vista como camino de libertad.

 

En tiempos de Jesús el Pentecostés judía era una fiesta grande. Vemos en la narración no sólo que los discípulos están reunidos, sino que en Jerusalén hay judíos “de todo el mundo conocido” que probablemente no habrían oído jamás hablar de un tal Jesús de Nazaret.

 

Destaquemos algunos rasgos del relato. En primer lugar el “estaban todos reunidos”. Fijaros en el cuadro: si leemos bien los hechos veremos que hablan de más de 120 personas. Romper el imaginario de María y los doce. El Espíritu llega a toda la iglesia naciente.

 

Junto a ello: el texto de Lucas evoca, al menos, tres episodios del AT.

 

1) EL violento golpe de viento evoca a Moisés en el Sinaí “recibiendo las tablas”. Estamos en un “nuevo Sinaí” en que Dios dona su Espíritu como profetizaba Ezequiel: “yo meteré en vosotros mi espíritu y marchareis según mis leyes”. La ley (el camino y el medio de la libertad y la felicidad) se inscribe en corazones de carne.

2) Se cumple lo de Joel: repartiré mi espíritu a toda carne…

y 3) el episodio de Babel: de la confusión de lenguas al entendimiento de lenguas sin caer en la uniformidad, en el pensamiento único, pues la verdadera unidad en el amor sólo se encuentra en la diversidad. En Pentecostés se aprende la unidad en la diversidad entre todas las naciones.

 

 

Salmo 104:1, 24, 29-31, 34

¡Alma mía, bendice al Señor!

¡Señor, Dios mío, qué grande eres! Vestido de esplendor y majestad.
¡Cuán numerosas tus obras, Señor!

Todas las has hecho con sabiduría, de tus criaturas está llena la tierra.

 

Si escondes tu rostro desaparecen,

les retiras su soplo, y expiran y a su polvo retornan.

 

Envías tu soplo y son creados, y renuevas la faz de la tierra.
¡Sea por siempre la gloria de Señor, en sus obras el Señor se regocije!

 

¡Oh, que mi poema le complazca! Yo tengo mi gozo en el Señor.

 

 

Hoy leemos algunos versículos de un soberbio salmo de 36 versículos que cantan “las maravillas de Dios”. Recodar cómo termina el texto de Hechos: Todos oían hablar de las maravillas de Dios.

 

En todas las religiones hay “poemas similares”. En Egipto existe un himno al Dios Sol de Akh-en-Aton que los hebreos quizás habrían podido conocer. Similares pero con algunas diferencias fundamentales.

 

La primera diferencia es que para Israel solo Dios es Dios y nunca el Sol o la Luna que son creaturas como queda claro en el relato del Génesis.

 

Otra diferencia clave: la creación es siempre buena y coloca al hombre, que recibe el soplo de Dios, en la cima de la misma.

 

Y una tercera diferencia clase: la creación no es un acto del pasado, como si Dios hubiese lanzado la tierra y los hombres al espacio, sino que existe una relación permanente entre el creador y la creación: Si escondes tu rostro desaparecen, les retiras su soplo, y expiran y a su polvo retornan. Envías tu soplo y son creados, y renuevas la faz de la tierra.

 

Y 4) la cumbre de la creación es la persona que ha recibido el soplo de Dios. Sin una revelación no se podía pensar tal cosa, y es lo que celebramos en Pentecostés: el Espíritu de Dios que nos habita vibra en su presencia y por ello puede cantar Yo tengo mi gozo en el Señor.

 

 

De la Iª carta de Pablo a los cristianos de  Corintio 12:3-7, 12-13

 

Por eso os hago saber que nadie, hablando con el Espíritu de Dios, puede decir: «¡Anatema es Jesús!»; y nadie puede decir: «¡Jesús es Señor!» sino con el Espíritu Santo.

 

Los dones de la gracia (hay diversidad de carismas), pero el Espíritu es el mismo; diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo; diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios que obra en todos.

 

A cada cual se le dona la manifestación del Espíritu para provecho común. Pues del mismo modo que el cuerpo es uno, aunque tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, no obstante su pluralidad, no forman más que un solo cuerpo, así también Cristo. Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

        

Libertad, igualdad y fraternidad” podría ser la divisa de Pablo 1800 antes de la Revolución francesa.

 

El barre de un plumazo todas las consideraciones de jerarquía o superioridad, lo único importante es el bautismo. No hay esclavos o liberes no judíos o  griegos. Todos el cuerpo de Cristo.

 

Es verdad que entre nosotros persisten, desgraciadamente, problemas por origen social, racial, nacional,… a la vez que tenemos una dificultad, en la práctica, para vivir esta realidad en la estructura eclesial que se ha ido “consolidando” en estos dos mil años.

 

“El primer mensaje de Pablo es que la Iglesia de Cristo tiene por vocación ser el espacio en que se aprende a pensar no en términos de superioridad, de jerarquía (MT Thabut), ni los que saben y los que obedecen –vamos la concepción de muchos de curas y laicos-.

 

Por eso Pablo coloca la imagen del cuerpo. Nuestras diversidades son regalos, son dones, que harían un tapiz multicolor. Parece el mundo al revés: aquí nuestras diversidades parece que nos hacen sufrir, nos distancian, no clasifican. Las diversas capacidades (carismas) son dones para el bien común, para el servicio desinteresado, y así todos responsables, piedras vivas que dirá Pedro, en la construcción y en la misión.

       

En la Evangelii gaudium el Papa Francisco: 130 “Un signo claro de la autenticidad de un carisma es su eclesialidad, su capacidad para integrarse armónicamente en la vida del santo Pueblo fiel de Dios para el bien de todos”.

 

De la buena noticia de Jesucristo según Juan 20:19-23
        

Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros.»
                 

Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor.

 

Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.»

 

Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo.
A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

 

Puede ser interesante el destacar unas cuantas reflexiones que nos interpelen:

 

1ª. Al atardecer y con las puertas cerradas, el primer día de semana. Así están muchas veces, o de manera continua, nuestras comunidades. Nos reunimos el domingo, pero no dejamos que la vida y sus problemas entren en nuestras asambleas eucarísticas. Y nuestras mal llamadas comunidades, pues de tal tienen bastante poco, se aferran a lo viejo y en ellas no canta la alegría de la fraternidad. ¿Abrimos las puertas? ¿A qué tenemos miedo?

 

2ª. Jesús se hace presente en medio de la asamblea con un mensaje y anuncio de paz, que no mera tranquilidad fruto de una inconsciencia, sino que es vida, salud, búsqueda de justicia, perdón, etc… “La paz es la obra de la justicia”, o “la tranquilidad del orden justo”. Cuando El se hace presente, y se tiene conciencia de ello, (“El Señor esté con vosotros” pues está la cuestión es que cáigannos en la cuenta de ello”) se vive de otra manera. Y la alegría auténtica nos lleva al canto y al trabajo.

 

3ª. “Como el Padre me ha enviado yo os envío”. Somos enviados, embajadores del Padre, sus mensajeros en compañía de Jesús en la construcción de una humanidad nueva. No hay excusa para la misión. Tampoco aquellos están preparados para la tarea (nuestra posible excusa). ¿Aceptamos o no el envío? ¿o nos quedamos nosotros egoístamente con la paz que el Señor regala…. y así se pudre y se pudre nuestro mundo?

 

4ª. La misión no es una orden sino un “fuego interior” que nos pone en pie y en movimiento. Es verdad que la misión es dura pues luchamos contra estructuras de opresión y dominación (ese pecado estructural). Pero el Espíritu nos da vida y fortaleza, nos hace “personas espirituales”, es decir, invadidas por el Espíritu que nos hace salir de nosotros mismos y viviendo para los demás vivir de verdad humanamente, como Jesús de Nazaret.  Nuestras “comunidades” no pueden estar replegadas, ocultas, cerradas sin dar vida en su entorno y dedicadas “a rezar”. Configuradas por “personas resucitadas” que ponen vida donde no la hay, la defiende donde está amenazada, pues se deja guiar por el Espíritu y así sale de su engusanamiento y vive para los demás.

 

Para la reunión.

1.-podemos comenzar escuchando oracionalmente o bien la secuencia de Pentecostés o el Veni creator. Ahí tenéis las conexiones y el texto

 

www.youtube.com/watch?v=PXMAHbw7oDI

 

www.youtube.com/watch?v=VlKD2tAGO0A

 

 

Veni, Creator Spiritus

mentes tuorum visita

Imple superna gratia

quae tu creasti pectora.

Qui diceris Paraclitus,

altissimi donum Dei,

fons vivus, ignis,

caritas, et spiritalis unctio.

Tu septiformis munere,

paternae digitus dexterae,

tu rite promissum Patris,

sermone ditans guttura.

Accende lumen sensibus,

infunde amorem cordibus, i

nfirma nostri corporis,

virtute firmans perpeti.

Hostem repellas longius,

pacemque dones protinus,

ductore sic te praevio,

vitemus omne noxium.

Per te sciamus da Patrem,

noscamus atque Filium,

teque utriusque Spiritum

credamus omni tempore.

Deo Patri sit gloria,

et Filio qui a mortuis surrexit,

ac Paraclito,

 in saeculorum saecula. Amen.

 

Ven Espíritu creador;

 visita las mentes de tus fieles.

Llena de la divina gracia los corazones

 que Tú mismo has creado.

Tú eres nuestro consuelo,

don de Dios altísimo,

fuente viva, fuego, caridad

y espiritual unción.

Derramas sobre nosotros los siete dones;

Tú el dedo de la mano de Dios,

Tú el prometido del Padre,

pones en nuestros labios

los tesoros de tu palabra.

Enciende con tu luz nuestros sentidos,

infunde tu amor en nuestros corazones

y con tu perpetuo auxilio,

fortalece nuestra frágil carne.

Aleja de nosotros al enemigo,

danos pronto tu paz,

siendo Tú mismo nuestro guía

evitaremos todo lo que es nocivo.

Por Ti conozcamos al Padre

y también al Hijo y que en Ti,

 que eres el Espíritu de ambos,

creamos en todo tiempo.

Gloria a Dios Padre

y al Hijo que resucitó de entre los muertos,

 y al Espíritu Consolador,

por los siglos de los siglos

 

2.- Compartimos lo que más nos han provocado los textos y sus comentarios.

3.- terminamos cantando y aprendiendo: Canto de entrada en pentecostés de C. Gabarain:

www.youtube.com/watch?v=Vhou9JKOJd8&list=RDxeDgX6K-3w4&index=12

 

El Espíritu de Dios descenderá (2)

El Espíritu de Dios nos llenará (2)

El Espíritu de Dios (2)

Ven, Espíritu divino, ven y llénanos (2)

El Espíritu de Dios nos quemará (2)

El Espíritu de Dios nos cambiará (2)

El Espíritu de Dios (2)

Ven, Espíritu divino, ven y cámbianos

 

El Espíritu de Dios nos unirá (2)  El Espíritu de Dios (2)

Ven, Espíritu divino, ven y guíanos.  El Espíritu de Dios nos llenará (2)

 

Ven Espíritu Divino,
manda tu luz desde el cielo,
Padre amoroso del pobre;
don en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,
divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre
si Tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado
cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus Siete Dones
según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.

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La Ascensión


 

24 de mayo de 2020         Domingo de la Ascensión

 

Orando.

 

Buenos días Señor:

 

Ahora que me dispongo a escucharte abre bien mi oído y mi corazón y así se dispongan mis manos, mis pies y mi boca a colaborar en tu proyecto. Y ayúdame a no caer en la tentación del individualismo, ni del espiritualismo.

 

Para abrir mi apetito y una buena disposición escucho al Papa Francisco:

 

EG 262. Siempre hace falta cultivar un espacio interior que otorgue sentido cristiano al compromiso y a la actividad. Sin momentos detenidos de adoración, de encuentro orante con la Palabra, de diálogo sincero con el Señor, las tareas fácilmente se vacían de sentido, nos debilitamos por el cansancio y las dificultades, y el fervor se apaga. La Iglesia necesita imperiosamente el pulmón de la oración, y me alegra enormemente que se multipliquen en todas las instituciones eclesiales los grupos de oración, de intercesión, de lectura orante de la Palabra, las adoraciones perpetuas de la Eucaristía. Al mismo tiempo, «se debe rechazar la tentación de una espiritualidad oculta e individualista, que poco tiene que ver con las exigencias de la caridad y con la lógica de la Encarnación». Existe el riesgo de que algunos momentos de oración se conviertan en excusa para no entregar la vida en la misión, porque la privatización del estilo de vida puede llevar a los cristianos a refugiarse en alguna falsa espiritualidad.

 

 

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (1,1-11):

 

En mi primer libro, Teófilo, escribí de todo lo que Jesús hizo y enseno desde el comienzo hasta el día en que fue llevado al cielo, después de haber dado instrucciones a los apóstoles que había escogido, movido por el Espíritu Santo. Se les presentó él mismo después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles del reino de Dios.

 

Una vez que comían juntos, les ordenó que no se alejaran de Jerusalén, sino: «aguardad que se cumpla la promesa del Padre, de la que me habéis oído hablar, porque Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo dentro de no muchos días».

Los que se habían reunido, le preguntaron, diciendo: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino a Israel?».


Les dijo: «No os toca a vosotros conocer los tiempos o momentos que el Padre ha establecido con su propia autoridad; en cambio, recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y “hasta el confín de la tierra”».

Dicho esto, a la vista de ellos, fue elevado al cielo, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Cuando miraban fijos al cielo, mientras él se iba marchando, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron:


«Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse al cielo».

 

 

            Antes de nada, podéis leer el evangelio del día para notar claras diferencias entre un evangelista y otro. Los primeros buscan como a tientas expresiones verbales que posibiliten comunicar la experiencia, la realidad vivida en la Pascua. Y necesitan recurrir a varias “imágenes”: está vivo, ascendió al cielo, está sentado a la derecha del Padre.

 

Ahora que estamos llegando al final del tiempo pascual, vale la pena notar que la Pascua, clave y centro de la fe, punto de partida cronológico y teológico de la fe cristiana, es un acontecimiento de una riqueza tal, que es imposible describirlo con una sola imagen. Por eso celebramos el misterio pascual durante cincuenta días, y luego prolongamos esta celebración cada domingo. Se trata de un acontecimiento único, aunque nosotros, para entenderlo mejor, lo celebremos por etapas. Dicho de otra manera: Viernes Santo, Pascua, Ascensión y Pentecostés son la misma realidad. Se puede hablar de cuatro momentos, pero más bien son distintas perspectivas del mismo acontecimiento

 

La unidad entre resurrección y exaltación, notificada en casi todos los escritos del Nuevo Testamento, parece haberse roto en Lucas, que entre resurrección y ascensión intercala un tiempo (simbólico) de cuarenta días. Este relato es el que más ha influido en las concepciones corrientes de la fe. Pero esto no debe hacernos perder de vista el sentido teológico de la ascensión, a saber: el ser de Jesús con Dios y el nuevo modo de estar con nosotros desde Dios.



Sal 46,2-3.6-7.8-9

 

 

R/. Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas


Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de júbilo;

porque el Señor altísimo es terrible, emperador de toda la tierra. R/.


Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas:

tocad para Dios, tocad; tocad para nuestro Rey, tocad. R/.


Porque Dios es el rey del mundo: tocad con maestría.

Dios reina sobre las naciones, Dios se sienta en su trono sagrado. R/.

 

Otra traducción de los vs 8-9.

 

“Dios es el gran servidor de toda la tierra,

¡tocad para Dios con destreza!

 

Nuestro Dios guía a todas las naciones,

velando por la gente más humilde. 

(Manuel Regal. “Los salmos hoy)”

 

 

 

Está claro que estamos ante un canto de alabanza que el pueblo, que se sabe liberado y acompañado por el Señor, y que va sabiendo que su misión es anunciar el reinado de Dios a todos los pueblos, entona feliz.

 

Y lo hace pues (es el vs.4) “El empuja a los pueblos hacia la libertad”, teje lazos de hermandad entre las naciones”.

 

Y aparece en el salmo un horizonte, un futuro utópico gracias a la acción del Señor (v.10): “Todos los pueblos del mundo se juntan con el pueblo del Dios de Abraham”.

 

Alabanza y misión aparecen conectadas. Aquí resuenan aquellas palabras de alabanza de Jesús: “YO te alabo Padre, señor del cielo y de la tierra….”

 

 

Lectura de la carta del apóstol  Pablo a los Efesios (1,17-23):

El Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder en favor de nosotros, los creyentes, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, poder, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no solo en este mundo, sino en el futuro.

 

Y «todo lo puso bajo sus pies», y lo dio a la Iglesia, como Cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que llena todo en todos.

 

 

La gran paradoja es que la crucifixión, que es la expresión máxima del deshonor social, es convertida por Dios en ocasión de gloria: Dios ha resucitado y reivindicado a Jesús y le ha llevado consigo y le ha colocado por encima de todos esos poderes que le arrebataron (y arrebatan) la vida. Resucitándolo y sentándole a su derecha.

 

Es lógico que Pablo pida para los creyentes “espíritu de sabiduría y revelación… que ilumine los ojos de nuestro corazón”, pues sin ello es, digamos que imposible, descubrir la esperanza que nos regala. Pues es una acción del Señor en favor nuestro.

 

Por otra parte, como afirman los comentaristas de Eucaristía, “aquí, afirma indirectamente el texto, se está modificando totalmente nuestra manera de comprender la realidad. Quienes tienen poder no son los poderosos en el plano social, político o religioso, sino quienes son fieles al proyecto de Dios, como Jesús”.

 

Lógico que necesitemos “espíritu de sabiduría” pues entender así las cosas sólo es posible desde la confianza radical en el Dios que Jesús nos ha ido revelando.

 


 

Conclusión del santo evangelio según san Mateo (28,16-20):



Los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.
Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron.


Acercándose a ellos, Jesús les dijo:

 

«Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.

 

Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».

De Florentino Ulibarri: “Mateo concluye su Evangelio con un relato de encuentro, envío y promesa[1]. La presencia de Dios en el mundo…. Es definitiva, pues su nombre es Enmanuel, es decir “Dios con nosotros”… y sabed que yo estoy con vosotros todos los días…

 

El encuentro final tiene lugar en un escenario significativo: Galilea, donde comenzó su misión; y en un monte como cuando Dios convocó al pueblo en el Sinaí (o cuando proclamó las bienaventuranzas). Es una iniciativa de Jesús la que hace posible el encuentro: los once van donde les había citado. Este encuentro es un momento decisivo: en el Jesús constituye al nuevo pueblo mesiánico que continúa su misión. Es el momento del nacimiento de la Iglesia. Sorprendentemente Mateo recuerda aquí la duda de algunos… En otras palabras, la actitud de los discípulos expresa la fe, sin ella no hay fundamento para el nuevo pueblo, para la Iglesia, para la misión. Pero una fe que está mezclada con la duda que es compañera inseparable de una fe itinerante.

 

En el texto podemos descubrir:

 

1) el envío: haced discípulos, enseñándoles lo que El ha enseñado y bautizándoles con ello se nos vincula al Señor;

 

2) la promesa: el Señor es Dios-con-nosotros y llamada a volver al principio para escuchar sus enseñanzas, contemplar sus signos, y proseguir su causa;

 

3) la presencia nueva del Señor, no hay orfandad, no nos ha dejado “plantados”; es una llamada a nosotros a sabernos seres “acompañados”. Cuando dos o tres os reunís…. Cuanto hicisteis a uno de estos pequeños me lo hicisteis a mí;

 

4) podemos hablar también de paciencia, de seguir esperando, hay que tomar conciencia de la paciencia histórica (ni desistir pues el Reino no llega ni creer que ya hemos llegado). El hombre y la mujer pacientes  resisten activamente las dificultades, aprenden a respetar el ritmo de la vida, pero no dejan de abrir caminos de vida para todos.

 

“Creemos,

que está viva la causa de Jesús.

Creemos

que sigue vigente su concepción del hombre, de la vida y de la historia.

 

Creemos

que la resurrección de Jesús significa la resurrección del hombre.

Por eso,

el sepulcro no está totalmente vacío: hay muchos hombres aún bajo la tumba.

 

Creemos

que la resurrección significa que la vida ha triunfado definitivamente sobre la muerte,

a pesar de tanta guerra, hambre, desastres y egoísmos como empañan la vida.

 

Creemos

que afirmar la resurrección es vivir como resucitados: una forma de situarse en el mundo,

de vivir de otra manera, de apuntarse a la construcción del Reino,

de seguir apuntados  asumiendo las propias limitaciones y el propio pecado,

de optar por el bien, la verdad y la hermandad.

 

Creemos

que la resurrección de Jesús significa que está vivo

y se puede encontrar con él y tener una experiencia liberadora,

y seguir siendo hombre, una amalgama de gloria y de miseria”[2].

 

No os quedéis plantados mirando al cielo

¡Comparte tu tesoro!

¡Construye una comunidad evangelizadora!



[1] Concluye como había empezado: Dios con nosotros se anuncia por el Angel;  sabed que estos con vosotros cada día hasta el fin del mundo.

[2] Joaquín Suarez Bautista. Los otros salmos. Sal Terrae, Santander, 1992. 234-235

17 de mayo de 2020   Domingo VI de Pascua

 

Espíritu que estás en mí y en mis hermanos asísteme ahora que me dispongo a escuchar al Padre.

 

Que su palabra resuene en mi corazón más fuerte que todos los ruidos que me dicen que estamos solos, abandonados, sin futuro.

 

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 8, 5-8. 14-17

 

En aquellos días, Felipe bajó a la ciudad de Samaría y predicaba allí a Cristo. El gentío escuchaba con aprobación lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.

 

Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaría había recibido la palabra de Dios, enviaron a Pedro y a Juan; ellos bajaron hasta allí y oraron por los fieles, para que recibieran el Espíritu Santo; aún no había bajado sobre ninguno, estaban solo bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.

 

        

De los “siete” elegidos uno de ellos, Esteban, es lapidado. Una persecución contra los cristianos se desarrolla y otro de los siete, Felipe, que no era judío, se escapa a Samaría y “predicaba a Cristo”, es decir, anunciaba a Jesús de Nazaret resucitado. La resurrección es el centro de la predicación de los apóstoles. ¿Nos preguntamos si hoy también este es el mensaje que aparece a los ojos del mundo como el centro de la predicación cristiana?

 

Se trata de la primera salida misionera, el comienzo de la expansión o apertura del camino de Jesucristo. Una “evangelización” en base a palabras y a hechos liberadores. El que había sido elegido para la atención a las viudas, ahora, en la nueva situación sabe “adaptarse”.

 

Fijaros en ese “la ciudad se llenó de alegría”. La alegría es una de las características de la Iglesia naciente según Lucas. Una característica que el papa Francisco quiere poner de relieve: “La alegría del evangelio”. Aquí también podemos preguntarnos si la alegría es una experiencia personal y un rasgo de nuestras comunidades. ¿Cómo lo ves? Se ha dicho que si bien es verdad que al final seremos juzgados por el amor quizás también seamos juzgados sobre la alegría. No podemos dar la razón a Nietzsche que nos ve con caras largas. Francisco recuerda que no deberíamos tener “cara de funeral”.

 

Una última reflexión: las distintas comunidades nacientes van a vivir siempre tanto la novedad, cuanto que han de situarse en realidades nuevas, cuanto la comunión. Los apóstoles bajan a confirmar la obra y a poner las manos, señal del Espíritu. Nadie va por libre.

 

 

Salmo responsorial Sal 65, 1-3a. 4-5. 6-7a. 16 y 20


R/. Aclamad al Señor, tierra entera.
V/. Aclamad al Señor, tierra entera; tocad en honor de su nombre, cantad himnos a su gloria.  Decid a Dios: «Qué temibles (admirables) son tus obras.» R/
V/. Que se postre ante ti la tierra entera, que toquen en tu honor,
que toquen para tu nombre.
Venid a ver las obras de Dios, sus temibles proezas en favor de los hombres. R/
V/. Transformó el mar en tierra firme, a pie atravesaron el río.
Alegrémonos con Dios, que con su poder gobierna eternamente. R/
V/. Fieles de Dios, venid a escuchar; os contaré lo que ha hecho conmigo.
Bendito sea Dios que no rechazó mi súplica (ni me ha retirado su amor)
. R/

 

Un nuevo salmo de alabanza. Nos invita a sumarnos al agradecimiento al Señor por sus “obras admirables” (mejor traducción que “temibles”), sus “hazañas” a favor de los hombres.

 

Es una invitación a alabar al Señor por sus obras en la liberación de Egipto y por lo mismo en cualquier obra de liberación del pasado o del presente.

 

Una llamada a nosotros a vivir esta actitud de alabanza y agradecimiento siendo capaces de con una espiritualidad de ojos abiertos y de corazón abierto descubrir los signos de la presencia y de la obra de Dios en nuestros días. ¿Lo hacemos? ¿Nos animamos a practicarlo? Y si cada día a la noche damos gracias a Dios por tantas obras y personas que siembran “alegría” entre nosotros.

 

El centro del salmo (que hoy no se recita) el salmista presenta al Señor la situación calamitosa de su pueblo seguro de la solidaridad de Dios con su pueblo que culminará con esa llamada a la asamblea y escuchar que os contaré lo que ha hecho conmigo. Bendito sea Dios que no rechazó mi súplica (ni me ha retirado su amor).

 

 

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pedro 3, 15-18

 

Hermanos:
Glorificad en vuestros corazones a Cristo Señor y estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere; pero con mansedumbre y respeto y  en buena conciencia, para que en aquello mismo en que sois calumniados queden  confundidos los que denigran vuestra buena conducta en Cristo; que mejor es padecer  haciendo el bien, si tal es la voluntad de Dios, que padecer haciendo el mal.
Porque también Cristo murió una vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios. Murió en la carne, pero volvió a la vida por el Espíritu.

 

 

 

Además de sostener la esperanza de la comunidad en tiempos de rechazo, otra de las preocupaciones de Pedro es mantener el arte de vivir cristiano de los bautizados, con un comportamiento acorde al evangelio, sin que la experiencia de ser maltratado sea excusa para comportamientos impropio de los discípulos de Jesús que deben distinguirse por hacer el bien. Es decir, como Jesús, el que fue crucificado injustamente, sin merecerlo, pero “vivificado” por Dios. Esta es la esperanza de la comunidad: así como Dios estaba con Jesús, así está también con ellos.

 

No existía una persecución declarada sino una hostilidad latente que les llevaba a tener que justificar su abandono de ciertas prácticas (paganas) que era las socialmente establecidas. Les invita a poner su confianza en el Señor. Resuenan las palabras de Pablo VI:”nuestros contemporáneos tienen necesidad de testigos, no de maestros… escucharán a los maestros si son testigos”.

 

Y ¿qué esperanza testimoniar con gestos primeramente? El triunfo del bien sobre el mal si Cristo ha vencido. Una invitación a no “tirar la toalla” ante el mal, sea el que sea en cada momento. Hoy puede ser la indiferencia, el individualismo, y esas estructuras injustas, de pecado, que deja a tantos en los márgenes. Y hacerlo sin violencia. En el texto, en filigrana, Pedro se apoya en los textos de Isaías sobre el siervo de Yahvé en que se dibuja un “retrato-robot” del creyente: instruido en la Palabra, vive en la intimidad de Dios en quien pone toda su confianza, y su fuerza para el servicio.

 

 

Lectura de la Buena Noticia de Jesucristo según Juan 14, 15-21

 

A la hora de pasar de este mundo al Padre dijo Jesús a sus discípulos: Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro Defensor que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis porque vive con vosotros y está con vosotros.

No os dejaré desamparados, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis, y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, vosotros conmigo y yo con vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; al que me ama, lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él.

 

         Vamos a centrarnos en este denso texto en tres afirmaciones:

·        

·       Unas palabras de aliento: no os dejaré desamparados, no os dejaré huérfanos que nos recuerda “estaré con vosotros hasta el final de los tiempos”. Palabras de aliento cuando a veces ante los cambios y los problemas nos preguntamos ¿dónde está Dios? Una llamada a la confianza en el Señor, a tratar de “verle” en nuestras vidas.

·        

·       Os enviaré “otro Defensor”. La promesa del Espíritu en Ezequiel

resuena en estas palabras. Siempre había sido el sueño del pueblo tener a Dios en medio. Pero ahora ya no será por medio del Templo, sino que es más profundo: “vive con vosotros y está con vosotros”. Buscarle en el fondo de nuestras vidas y en el de nuestros hermanos.

·       Esta presencia nos invita al agradecimiento, a la alabanza. No sólo acompañados sino “habitados”, sostenidos y fortalecidos por el Espíritu.

·        

·       Pero en esta presencia también hay una llamada a la misión, no es

para el “regodeo” personal. SI el mundo no lo conoce estamos llamados a hacerle “conocido” en medio de nuestro mundo. Conecta esta reflexión con la de la lectura que nos invitaba a dar razón de nuestra esperanza. Es una llamada a que hagamos presente el “espíritu de la verdad”, que es el espíritu del amor en medio de nuestra sociedad. Nos encontramos una llamada a una evangelización “boca a boca”. ¿Misión imposible? No. Es invitación a intentarlo, aunque a veces parece que nos sentimos desbordados el Espíritu nos mueve a ello. Tendremos que escucharle con frecuencia confiando en su estar en nosotros, en su fortaleza y en la paciencia para no tirar la toalla.

 

 

Para la reunión

0.    Hacemos un momento de silencio y cantamos: Ilumíname, Señor ..

1.    Hacemos el Salmo

2.    Compartimos lo que los textos nos provocan

3.    Terminamos haciendo juntos el credo que tenemos a continuación

 

¿Creéis en el Espíritu Santo?

 

Sí, creemos en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida,

que procede del Padre y del Hijo,

y que Jesús prometió enviarnos para que fuera nuestro Maestro,

nuestro Guía y nuestra Fuerza a través de la historia.

Creemos que hizo su irrupción potente en la Iglesia el día de Pentecostés.

Creemos que sigue presente hoy entre nosotros:

que sopla, como viento, en los hombres y mujeres de buena voluntad.

Que es agua que purifica y fuego que calienta.

Creemos también que habita en el interior de quien acoge sus ondas.

Que su fuerza incomprensible e invisible nos hace caminar y avanzar

hacia una humanidad nueva, un cielo nuevo y una tierra nueva,

aún en medio de tantas oscuridades.

Creemos que mantiene, impulsa, alienta nuestra lucha por una sociedad

donde reine el Amor y no el odio;

la Paz y no la guerra; la Justicia y no la opresión.

Creemos que el Espíritu es quien puede transformar nuestro corazón

de cobarde en valiente, y hacer que seamos personas "libres".,

que es la fuente donde mana la alegría y la esperanza,

la fuente que está en nosotros.

Y creemos que el Espíritu es quien nos va conduciendo

hacia la plenitud de la vida: la Vida eterna. Amén.

 

10  de mayo de 2020   Domingo V de Pascua

 

(para trabajar estos materiales comienza buscando un espacio tranquilo, trata de hacer silencio, e invoca al Espíritu Santo que sea tu guía y compañero en estos trabajos)

 

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 6, 1-7

 

En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, diciendo que en el suministro diario no atendían a sus viudas. Los apóstoles convocaron al grupo de los discípulos y les dijeron: No nos parece bien descuidar la Palabra de Dios para ocuparnos de la administración.


Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea; nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra.

 
La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de  Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Simón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando.


La Palabra de Dios iba cundiendo y en Jerusalén crecía mucho el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.

 

Los inicios de las comunidades cristiana no fueron un camino de rosas. Los conflictos, tensiones por cohabitación de distintos hacen aparición. Lo importante es ver cómo los afrontan y los gestionan los apóstoles. Conflicto entre los judíos convertidos y los convertidos provenientes de la diáspora que hablaban otra lengua y tenían otra cultura. Un problema de cohabitación y la gota que colma el vaso es “la atención a las viudas”.

 

¿Cómo se afronta? “convocan a la asamblea” que va a tomar la decisión cuidando el ser fieles (entre todos) a las exigencias básicas: la oración, el servicio a la palabra y el servicio a los hermanos. Y la asamblea no duda en ser creativa. Innova pues la fidelidad exige saber adaptarse a las nuevas circunstancias. Ser fiel es mantener los ojos fijos en el objetivo. Y el objetivo era “que todos sean uno” y saber “encajar” las diferencias lo cual era un auténtico reto.

 

Y no hay miedo a “innovar” y así nacen esos siete diáconos. Una nueva “estructura”. La verdad es la palabra diácono no aparece en el texto.

 

Retengamos que el Espíritu Santo  sabrá inspirar las innovaciones que sean necesarias en cada época para asegurar fielmente las tareas de la vida y misión de la Iglesia.

 

Fijaros: la comunidad propone las personas y los apóstoles “les imponen las manos orando”. No es un mero gesto jurídico: se destaca la dimensión espiritual reconociendo un nuevo servicio comunitario.

 

¿Qué te sugiere esto con respecto a la vida actual de nuestras comunidades? ¿Alguna propuesta?

 

 

Salmo responsorial Sal 32, 1-2. 4-5. 18-19

 

R. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

 

V/. Aclamad, justos, al Señor, que la alabanza es propia de la gente honrada; dad gracias al Señor con la cítara, tocad en su honor el arpa de diez cuerdas.

 

V/. La palabra del Señor es sincera y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra.

 

V/. Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su
misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre.



 

De este bello salmo de alabanza la liturgia nos frustra un poco pues solo nos ofrece seis versículos, pero en ellos podemos ver condensada la fe judía: entre líneas la experiencia de Israel, el Exodo y la Alianza. Se trata de 22 versículos, tantos como las letras de su alfabeto, es un homenaje a la palabra de Dios, es como decir aquí está todo, de la A a la Z.

 

Se trata, parece, de una acción de gracias (“gritad de alegría, tocad el arpa de diez cuerdas) propia de los “hassidim”: hombres normales pero que han entendido la revelación de la benevolencia de Dios y responden adhiriéndose de todo corazón a la Alianza. Aquí los justos, la gente honrada… no son cualidades morales, sino que son manifestación de alguien que vive en la plena confianza en el Dios fiel. El justo es el que entra en el proyecto de Dios, se encaja en Dios como un instrumento a la partitura.

 

M. Rgal dice: Salmo de alabanza que empieza invitando a la fiesta y alabanza porque Dios ha demostrado ser un Dios de Palabra viva y creadora; para celebrarlo después  como Dios que alienta y vigoriza la historia de las personas y de los pueblos, acompañándolos en su búsqueda de vida y en su superación de estadios de miseria y opresión. Estar junto a ese Dios, dejarse llevar por su profunda fuerza de vida da una radical seguridad. En este Dios descansa la alegría y la confianza del salmista, y este Dios es el que se nos ofrece”.

 

 

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pedro 2, 4-9

 

Queridos hermanos:

Acercándoos al Señor, la piedra viva desechada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo.

 
Dice la Escritura: «Yo coloco en Sión una piedra angular, escogida y preciosa; el que crea en ella no quedará defraudado.»

 
Para vosotros los creyentes es de gran precio, pero para los incrédulos es la piedra que desecharon los constructores: ésta se ha convertido en piedra angular, en piedra de tropezar y en roca de estrellarse.


Y ellos tropiezan al no creer en la palabra: ése es su destino.


Vosotros, en cambio, sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación
consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que nos llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa
.

 

 

 

 

 

 

Pedro tiene en el trasfondo de su pensamiento varias imágenes bíblicas que en Jesús y luego en los bautizados se hacen realidad.

 

Dios tiene un gran proyecto de construcción del que el Mesías sería la piedra maestra; y ante ello hay dos caminos: colaborar en la construcción o rechazarla y sabotearla; a lo largo de su experiencia el pueblo judío, gracias a los profetas, ha descubierto que verdadero templo es la humanidad y que sólo es un culto digno el de la ternura del corazón.

 

En Jesús el proyecto se completa, sobre El se asienta la construcción, es la verdadera “piedra angular” y el que ha manifestado el verdadero culto: toda la vida como servicio por amor.

 

Llamados a apoyar entonces nuestra vida en Cristo y hacer de Él el centro de nuestra vida. El bautismo es el momento de la elección y de nuestra integración en el templo espiritual cuya ofrenda es el amor y el servicio a los hermanos. Y este será el signo visible ante el mundo de la presencia de Dios. Recodar el concilio: la Iglesia es “lumen gentiun”, luz de las gentes.

 

Anima a los creyentes, que viven tiempos duros, a tomar conciencia de este anclaje en Cristo por nuestro ser agregados al pueblo santo, un pueblo cuya lengua es la alabanza y el servicio. Volvemos: sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que nos llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa.

 

Una situación de nueva dignidad y una tarea a realizar –proseguir la obra liberadora y constructora de fraternidad- que no deberíamos defraudar, es nuestro más auténtico sacerdocio y sacrificio, construyendo así el templo del Espíritu.

 

 

¿Somos conscientes de esa dignidad? ¿Vivimos la vida como sacrificio espiritual, autentico culto? ¿Cómo mejorar nuestra condición de piedras vivas en la construcción de este templo… qué hacer para que lo vayan viviendo y entendiendo muchos de los miembros de la parroquia?

 

 

 

 

Lectura de la buena noticia de Jesucristo según Juan 14, 1-12

 

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: No perdáis la calma, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias si no, os lo había dicho, y me voy a prepararos sitio. Cuando vaya y os prepare sitio volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino. Tomás le dice: Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo podemos saber el camino?


Jesús le responde: Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.  

 

Felipe le dice: Señor, muéstranos al Padre y nos basta.


Jesús le replica: Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: «Muéstranos al Padre?» ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí.
Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también el hará las obras que yo hago, y aun mayores. Porque yo me voy al Padre.

 

 

 

 

 

 

 

El texto de Jn.  pertenece a los llamados “discursos de despedida” (cf. Jn. 13, 31-14, 31; 15-16; 17); son unos discursos que poseen estas características comunes: 1) Se desarrollan en el marco de una comida 2) Que el maestro celebra con sus discípulos. 3) A modo de despedida (por un largo viaje, por una muerte próxima...)[1]

 

El primero de estos discursos joánicos conserva la forma dialógica. Cuando este discurso tiene carácter de despedida definitiva el maestro, aprovechando la ocasión, deja a sus discípulos en él 1) Una especie de “testamento”, de “últimas voluntades”  2) En el que resume lo más importante de su doctrina y misión 3) A fin de que estas sus últimas palabras sean las que configuren el perfil y la misión de sus discípulos

 

Todo esto se concreta en unos “encargos” cuya importancia es máxima; son como la quintaesencia de la doctrina y misión del maestro. En ocasiones más que “encargos” aparecen (a través de un diálogo) afirmaciones, preguntas, respuestas... de la misma importancia que los “encargos”.

 

¿Qué nos dice el texto joánico  a través de esas afirmaciones, preguntas, respuestas, etc.? Tal vez, más o menos, esto: a) Acoger agradecidos el encargo primero de Jesús : “No perdáis la calma”, a pesar de que en ocasiones ésta puede verse sacudida por acontecimientos cotidianos que llegan a poner en entredicho nuestra esperanza, por divisiones intraeclesiales, por circunstancias personales que pueden llegar a minar nuestra calma y hasta nuestra esperanza.

 

B)  “Saber” que él es “el camino” que nos conduce al Padre. Se nos ha revelado en él un Dios-Padre, “que tanto amó al mundo, que le regaló a su único Hijo” (Jn. 3, 16) ¿Cómo no vamos a “fiarnos” de un Dios así?

 

C. “Saber” que él es “la verdad y la vida”  “La verdad llena de vida”, que ilumina nuestra existencia, “La vida verdadera”, que llena de ilusión nuestra historia. “La verdad y la vida”, que dan sentido a nuestra vida

 

Beneficiarios de esto somos todos nosotros; pues somos un linaje elegido, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar sus proezas”

 

No acoger agradecidos estos encargos-regalos en nuestras vidas puede conducirnos a escuchar de nuevo la gran pregunta-reproche de Jesús a Felipe: “Tanto tiempo llevo con vosotros, ¿y aún no has llegado a conocerme, Felipe?”

        

1.     “El que me ve a mí, ve al Padre” ¿Qué falsas imágenes de Dios has de destruir en tu vida?

2.     “Yo soy el camino, la verdad y la vida” ¿Qué opciones y decisiones has de tomar en tu vida, para que seas coherente con Jesús?

3.     ¿Cómo estás prologando el proyecto de Jesús a través de tu vida?

4.     “No se turbe vuestro corazón” ¿Qué te perturba en tu corazón?, ¿cómo permanecer en la fe de Jesús en esos momentos?

 

Para la reunión

1.    Sería bueno que comenzásemos haciendo un momento de silencio para centrarnos e invocar al Espíritu, Encendemos un cirio y cantamos: Espíritu Santo ven….

2.    Y ahora leemos el salmo con calma y “hacemos eco” –el que quiera- del texto leído.

3.    Un primer momento: ¿Qué cosas nos han sorprendido? ¿Qué no hemos comprendido?

4.     Vamos intentando responder a las cuestiones de cada lectura.

 



[1] Estos comentarios están “sacados” de los guiones litúrgicos de Caritas. “Conectado y… ¿vinculados? “ p. 236

IV Domingo de Pascua

Son muchos Señor, y tú lo sabes, los caminos, las puertas que se abren ante nosotros.

 

Que escuchándote a Ti sepamos pasar por la puerta que nos lleva a un lugar en que vivir la vida plena, la vida más humana en esta sociedad bastante enferma por injusta, individualista y avariciosa.

 

Esperamos y deseamos, compartiendo la Palabra que vamos a escuchar, que nuestros oídos se abran y nuestros corazones se calienten y tengamos fuerza así, gracias a Tu Espíritu, para seguirte abriendo espacios

a una vida digna, buena para todos

 

 

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 2, 14a. 36-41

 

El día de Pentecostés se presentó Pedro con los once, levantó la voz y dirigió la palabra:

Todo Israel esté cierto de que, al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías.


Estas palabras les traspasaron el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles:

¿Qué tenemos que hacer, hermanos?

 

Pedro les contestó:

 
Convertíos y bautizaos todos en nombre de Jesucristo para que se os perdonen los pecados, y recibiréis el Espíritu Santo. Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos y, además, para todos los que llame el Señor Dios nuestro, aunque estén lejos.

Con éstas y otras muchas razones les urgía y los exhortaba diciendo:

Escapad de esta generación perversa.

Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día se les agregaron unos tres mil.

 

  

Estamos en el núcleo del discurso de Pentecostés que también leíamos el pasado domingo. Es la proclamación de que el que paso haciendo el bien es el crucificado, el que se manifiesta como el Señor y mesías.

 

Destacar que “estas palabras les traspasaron el corazón” (a los de Emaús les ardía el corazón) y como siempre que la palabra es acogida salta la cuestión: ¿Qué podemos hacer? Recordar cómo otras veces la respuesta es “aquí estoy para hacer tu voluntad”. Orar es ponerse en manos de Dios.

 

Y la respuesta: convertíos y bautizaos. “Apartaros de esa generación perversa”, comenzar a vivir de otra manera, el arte de vivir cristiano gracias al Espíritu.

 

Y no dejemos pasar de largo ese “se les agregaron” se incorporaron a la comunidad naciente.

 

Escucha de la palabra, respuesta cambio de vida que se celebra en el bautismo en que se acoge el Espíritu, se perdonan los pecados y uno se incorpora a la comunidad.

 

¿Contrastamos esto con nuestra práctica bautismal?

 

¿Recordamos, “hacemos memoria” de nuestro bautismo: ¿implica, un arte de vivir alejado de los modos de vida dominantes en nuestra sociedad, y una incorporación real y efectiva a la comunidad cristiana?

 

 

Salmo responsorial Sal 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6

 

El Señor es mi pastor, nada me falta.

 

V/. El Señor es mi pastor, nada me falta:

en verdes praderas me hace recostar,

me conduce hacia fuentes tranquilas

y repara mis fuerzas.


V/. Me guía por el sendero justo,

por el honor de su nombre.

 
V/Aunque camine por cañadas oscuras,

nada temo, porque tú vas conmigo:

tu vara y tu cayado me sosiegan.


V/. Preparas una mesa ante mí enfrente de mis enemigos;

me unges la cabeza con perfume,

y mi copa rebosa.


V/. Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida,

y habitaré en la casa del Señor por años sin término.

 

 

Comentario de Marie Noëlle Thabut:

 

Me parece oportuno insistir en tres puntos: 1) como en casi todos los salmos es el pueblo de Israel quien lo recita. 2) Para expresar su experiencia creyente Israel utiliza dos imágenes: la del levita cuya felicidad es habitar en la casa del Señor y la del peregrino que participa en los sacrificios de acción de gracias. Pero hay que leer entre líneas: a través de estas comparaciones hay que descubrir la experiencia del pueblo de Dios, viviendo en la admiración y el reconocimiento de la elección, llamada de Dios. Y 3) los primeros cristianos han encontrado en este salmo una expresión privilegiada de su propia experiencia de bautizados; será el canto que da vida a las celebraciones bautismales”.

 

Preciosa oración de confianza, de una confianza plena que da sosiego y fuerza para la vida. El salmista echa mano de dos experiencias de la vida normal que se convierten en símbolo de lo que Dios realiza con quien a él se quiere acoger: la imagen de las ovejas cuidadas y guiadas a buenos pastos, y la imagen de quien abre la puerta de su casa a otra persona y le obsequia con su amistad y protección. Es un canto a la bondad y al amor de nuestro Dios que nos acompañan siempre.

 

 

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pedro 2, 20b-25


Si obrando el bien soportáis el sufrimiento, hacéis una cosa hermosa ante Dios, pues para esto habéis sido llamados, ya que también Cristo padeció su pasión por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas.


El no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca; cuando lo insultaban, no devolvía el insulto; en su pasión no profería amenazas; al contrario, se ponía en manos del que juzga justamente.


Cargado con nuestros pecados subió al leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Sus heridas os han curado. Andabais descarriados como ovejas, pero ahora habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras vidas.

 

 

Comentario tomado de “Eucaristía”: “La primera carta de Pedro fue dirigida a comunidades del Asia Menor que estaban viviendo serias dificultades a causa de su fe. De ahí que el sufrimiento sea un tema fundamental de la carta. Así es en el fragmento que hemos leído. En él se percibe el resultado de una actividad interpretativa que fue muy popular durante las primeras décadas después de Pascua: comprender la muerte en la Cruz utilizando el cuarto cántico del Siervo de Yahvé de Isaías (52,13-53,12). Esta figura del AT, cuyo sufrimiento logra traer bien a otros, fue, lógicamente un modelo ideal para interpretar los acontecimientos pascuales. Al mismo tiempo lo fue para alentar a los seguidores de Jesús que experimentaban en su propia carne el rechazo, la persecución y otras penurias en razón de su fidelidad al evangelio. Así, ese Jesús, que es presentado bajo el modelo del Siervo, es así mismo, modelo para sus seguidores; así como el sufrimiento del Siervo trajo el bien a Israel, lo mismo Jesús a los suyos. El propio texto lo afirma: “Cristo padeció por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas”.

 

Era una llamada a que fuesen buenos ciudadanos, sin comportamientos escandalosos. Parece que se trata de un himno bautismal, una invitación a vivir la vida nueva (para que vivamos para la justicia) y no es una exaltación del dolor, ni la sumisión. Una llamada a asemejarse al pastor y nos buscar otros modelos.

 

 

Proclamación de la Buena Noticia de Jesucristo según Juan 10, 1-10

           

A continuación, dijo Jesús a los fariseos[1]:


Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas caminan delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz: a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.


Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:


Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.


Yo soy la puerta: quien entre por mí sé salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.

 

 

Estamos en un texto que sigue a la narración del ciego de nacimiento que es expulsado de la sinagoga por confesar a Jesús. Es la situación de los miembros de la comunidad de Juan de ahí la imagen de la puerta –cuando se entra “por El” se abren de verdad los espacios de vida buena, más allá del legalismo farisaico. Y por otra parte ante el riesgo de rupturas de la comunidad –por la presencia de los gnósticos, los “listos”- Jesús es presentado como el que mantiene unida a la comunidad, esa comunidad que de verdad está escuchando su palabra, y como encuentra en ella vida, se arriesga a seguirle en medio de las dificultades.

           

Una llamada a todos nosotros tanto a no ser borregos: seguirle pues escuchada su voz, nos descubrimos conocidos, y como la vemos buena apostamos libremente por ella. Y así, por El, entramos en un estilo de vida buena; el pastor “nos saca del redil” y nos lleva a vivir en medio de la sociedad. Quizás esto nos suena a la insistencia del papa Francisco de una “iglesia en salida”.

           

Un texto que hace resonar las palabras del profeta Ezequiel 34, -así dice el Señor: aquí estoy yo, yo mismo cuidaré de mi rebaño y velaré por él”-. Una llamada de atención que apunta a la realidad de Jesús resucitado.

           

¿Nosotros escuchamos su voz, la reconocemos entre tantas voces de nuestra sociedad? Si el vino para que tengamos vida ¿somos conscientes de que seguirle es suscitar en nuestra sociedad espacios de fraternidad, de esperanza, de justicia, de alegría, de defensa de la vida digna de todos? Esta palabra, ¿qué “llamada hace a nuestra Iglesia en Portugalete?

 

 

Para la reunión.

  

  1. Comenzamos con el Salmo 23 insistiendo en que nos acompaña –como a los de Emaús- también en tiempos oscuros, nos guía –como el pastor que nos conoce y cuya voz conocemos- nos sostiene, nos espera al final en una mesa.  Se ha dicho que vida cristiana en un tiempo entre dos abrazos (el bautismo y la muerte). ¿Qué te sugiere el salmo y esta última afirmación?

 

  1. Cada uno comenta aquello que más le ha llegado al corazón de entre los textos leídos; lo que le han sugerido.

 

  1. Podemos centrarnos un momento en los cuestionarios que aparecen al comentar los textos, sobre todo el de evangelio.

 

  1. Hacemos esta oración de petición:

 

 

·   Por la Iglesia y de modo especial pidamos hoy, “Domingo del Buen Pastor”, por todos aquellos que en ella desempeñan un ministerio, para que el Señor los ayude a ser presencia del Buen Pastor en medio de su comunidad. OREMOS. JESÚS RESUCITADO, ESCÚCHANOS.

 

·       Por todos los que en la sociedad tienen una responsabilidad política o social, para que siempre sirvan de modo desinteresado a sus conciudadanos. OREMOS. JESÚS RESUCITADO, ESCÚCHANOS.

 

·      Por todos los que abren caminos a la fraternidad en medio de situaciones duras y difíciles, para que mantengan la esperanza aun en los momentos más complicados de sus vidas. OREMOS. JESÚS RESUCITADO, ESCÚCHANOS.

 

·       Por nosotros que estamos aquí reunidos celebrando, para que seamos un espacio de encuentro donde se vivan los valores del Evangelio y donde se haga visible el rostro del Buen Pastor. OREMOS. JESÚS RESUCITADO, ESCÚCHANOS.

 

  1. Terminamos la reunión con una oración espontánea de acción de gracias.


[1] “Jesús hablaba así a los fariseos: Amén, amen (en verdad, en verdad) yo os digo”. Está fórmula que reviste gran solemnidad nos avisa de que se va a hablar de algo muy serio: será el misterio mismo de la persona de Cristo que aparece tras las imágenes del pastor y la puerta.

Para los Gpos. Bíblicos. Domingo IV de Pascua-A
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Para los Gpos. Bíblicos. Domingo III de Pascua-A
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