V Plan Diocesano de Evangelización


 

 ¡SALID AL ENCUENTRO! (Mt 25,6)


V PLAN DIOCESANO DE EVANGELIZACIÓN (PDE) 2014-18


Presentación


Iglesia en estado de misión


La alegría del Evangelio, de la que profusamente nos ha hablado el Papa Fran­cisco, conlleva en su mismo fundamento la alegría e ilusión por evangelizar. Quere­mos responder generosamente a las dos llamadas que Jesús nos dirige y que están mutuamente relacionadas: Salid al encuentro (Mt 25,6) e Id y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y enseñán­doles a guardar todo lo que os he mandado (Mt 28,19-20). Estas dos llamadas encuen­tran su fundamento en su presencia operante en nuestra vida y en la Iglesia: Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el final de los tiempos (Mt 28,21).


Al concluir el IV PDE, nuestra Iglesia se ha puesto a la escucha del Espíritupara discernir el camino que Él desea que recorramos durante los próximos años. La exhortación del Papa sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual ha constituido un aldabonazo en toda la Iglesia para reavivar nuestra alegría e ilusión para ser testigos del Evangelio en nuestra sociedad y salir al encuentro de nuestros hermanos y hermanas en las variadas circunstancias en las que viven.


Esta exhortación pone a toda la Iglesia en estado de misión. También nuestra Iglesia diocesana quiere secundar este impulso misionero. Necesitamos una pasto­ral en conversión, en transformación misionera. Son dos rasgos centrales de nues­tra diócesis, que han formado parte de nuestro devenir eclesial, como subrayó la Asamblea Diocesana, y que hoy debemos renovar en profundidad.


El núcleo fundamental de nuestro anuncio es el amor salvífico de Dios que semanifiesta en Jesucristo muerto y resucitado. Él es la respuesta a todos los interro­gantes, anhelos, sufrimientos, angustias y perplejidades en la que viven nuestros contemporáneos. En último término, es posible afirmar que una sociedad cerrada a la trascendencia es una sociedad herida y sin salida. La sociedad necesita abrir sus puertas a Dios, y al mismo tiempo, la vocación fundamental de la Iglesia es estar en la sociedad a modo de sacramento de la presencia de Dios que es amor y misericor­dia. Por eso, es necesaria una Iglesia de puertas abiertas: una Iglesia abierta física­mente en sus edificios, permanentemente disponible en sus instituciones y perso­nalmente abierta en el corazón de los fieles. Una Iglesia de puertas abiertas signifi­ca también el coraje de llamar a las puertas del areópago social para, con humildad y audacia, presentar el misterio del amor de Dios. La Iglesia está llamada a salir al encuentro del sufrimiento, la desesperanza y la angustia. También está llamada a provocar un encuentro con el pensamiento contemporáneo, los planteamientos so­ciales, económicos y políticos, el mundo de la cultura, de los profesionales, del pen­samiento y de los medios de comunicación.


La luz del Evangelio es necesaria para iluminar los sistemas económicos y las ideologías sociales y políticas que provocan la cultura del descarte, el olvido de los débiles y que manifiestan una incapacidad estructural por superar desigualdades e injusticias. Los fieles cristianos, en virtud de su secularidad, están llamados a cola­borar desde la libertad evangélica en la edificación de un mundo que sea digna mo­rada de la persona, que construya sobre roca y no sobre arena, que desde la denun­cia profética defienda la inalienable dignidad de toda persona y alumbre caminos nuevos de fraternidad y progreso verdadero.


Tiempo de discernimiento


Queremos plantear el nuevo Plan Diocesano de Evangelización a partir de un tiempo de reflexión y discernimiento: Iglesia diocesana de Bilbao, ¿qué dices de ti misma? Las invitaciones a la conversión que el ángel dirige a las siete Iglesias en el libro del Apocalipsis pueden servirnos de contexto para examinar con verdad nuestra trayectoria, el estado actual en que nos encontramos y los caminos de con­versión evangélica y pastoral que somos invitados a recorrer.

El primer tiempo del nuevo PDE es una invitación a toda la Diócesis a la ora­ción, reflexión, diálogo y discernimiento en el Espíritu, que nos proporcionará las claves por las que debemos caminar. Se trata de un momento fuerte y decisivo de comunión en la escucha de la voluntad de Dios sobre nuestra Iglesia. El misterio de Pentecostés es la comunión y unidad en la diversidad. Los diversos carismas que el Espíritu suscita entre nosotros, lejos de ser un impedimento para la comunión, son una riqueza y una herramienta magnífica para la diversidad de tareas y ámbitos en los que debemos hacer presente la luz y el amor de Cristo. Cada carisma es un “don especializado” con capacidad de penetrar en los diversos areópagos contemporá­neos para portar el agua viva que todo lo renueva y hace revivir.


Oración y acción


Hay dos binomios esenciales en la tarea evangelizadora de la Iglesia. En pri­mer lugar, el binomio oración – acción. A este respecto, el Papa Francisco nos dice que no sirven propuestas místicas sin un fuerte compromiso social y misionero, ni discursos y praxis sociales sin una espiritualidad que transforme el corazón (EG 262). La auténtica vida cristiana nos lleva al testimonio, al compromiso y a la transformación del mundo. Y, en sentido inverso, un compromiso auténtico nace del manantial puro del corazón que se ha encontrado con Jesucristo vivo y que es convertido por la ac­ción del Espíritu Santo para hacerlo dócil a sus inspiraciones. Oración y acción son las dos caras del verdadero discipulado.


Comunión y misión


En segundo lugar, nos encontramos con el binomio comunión – misión. La co­munión se fortalece en la misión. Y, en sentido opuesto, la misión es estéril si no nace de una profunda comunión. A este respecto, el Papa Francisco afirma: Me due­le tanto comprobar cómo en algunas comunidades cristianas, y aun entre personas consa­gradas, consentimos diversas formas de odio, divisiones, calumnias, difamaciones, vengan­zas, celos, deseos de imponer las propias ideas a costa de cualquier cosa, y hasta persecucio ­nes que parecen una implacable caza de brujas (EG 100). Es el amor de Dios la fuente del impulso misionero y la fuente de la comunión. Por eso, no puede darse lo uno sin lo otro. El amor de Cristo nos apremia —dice el apóstol San Pablo— (2 Cor 5,14). Forta­lecer nuestra comunión es condición indispensable para que la misión sea fecunda. Nuevamente os propongo el texto el Papa Francisco: Pidamos al Señor que nos haga entender la ley del amor. ¡Qué bueno es tener esta ley! ¡Cuánto bien nos hace amarnos los unos a los otros en contra de todo! (EG 101).


Tareas permanentes


Como fruto, entre otros, del IV PDE están la remodelación pastoral, la remo­delación de la curia, el Directorio de Iniciación Cristiana y el compromiso con los más desfavorecidos, la justicia social, la paz y la reconciliación. Constituyen ele­mentos esenciales en la pastoral de conversión hacia una Iglesia en salida. Cada uno en su especificidad trata de llevar la luz del Evangelio a nuestros contemporá­neos y a la sociedad en general. Es preciso que todos los miembros de la comunidad diocesana nos impliquemos en estas tareas fundamentales de modo que puedan consolidarse en la pastoral cotidiana, sabiendo que lo nuestro es sembrar con en­trega y confianza. Dios dará el fruto. Así nos lo vuelve a recordar el Papa Francisco: A veces nos parece que nuestra tarea no ha logrado ningún resultado, pero la misión no es un negocio, ni un proyecto empresarial, no es tampoco una organización humanitaria, no es un espectáculo para contar cuánta gente asistió gracias a nuestra propaganda (EG 279).


En las circunstancias que jalonan la situación actual, se nos pide que cada uno de nosotros seamos personas-cántaro para dar de beber a quienes viven en el de­sierto espiritual contemporáneo (cfr. EG 92). Qué metáfora tan hermosa para quie­nes hemos sido convocados a ser sal, luz y levadura como dimensiones fundamen­tales de la vocación cristiana. La Iglesia, así mismo, es comparada con un hospital de campaña que quiere acoger y cuidar a los heridos de la vida, los pobres, los que sufren en el cuerpo o en el espíritu, los que han perdido la esperanza y el sentido de su existencia. No puede haber tarea más apasionante que trabajar en este hospi­tal de la misericordia, de la vida y de la esperanza.


Entrega a la evangelización


Os animo a volveros a ilusionar con la tarea encomendada. Es un auténtico don que nos llenará de alegría. Hay mayor alegría en dar que en recibir —dice la Escri­tura— (Hch 20,35). Y es éste el profundo secreto de la felicidad. El pensamiento mundano cree que en tener y acaparar reside la alegría. Y vemos que esa actitud puede dar, ciertamente, una alegría pasajera, pero que en el fondo nos llena de pre­ocupaciones, acartona el corazón, siembra la autosuficiencia, la tristeza y engendra divisiones e injusticias. La lógica del don, de la entrega, del darse, es la lógica de Dios que ha infundido en nuestros corazones. No hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos (Jn 15,13). Esa es la dinámica que anida en el corazón de los hi­jos e hijas de Dios. Vivamos siempre en esta alegría sostenidos por el Pan de la Eu­caristía, que es el don de Cristo, por el Pan de la Palabra que es lámpara para nues­tros pasos, en la comunión fraterna de la Iglesia, que se concreta en nuestra comu­nidad en la que vivimos la fe, y en el servicio a todo el que necesita del corazón hu­mano y del corazón de Dios. Que María nos acompañe en la misión. Ella, esclava del Señor, mujer fuerte, esperanza y aliento, sustento materno en nuestro caminar.


Mario Iceta GabicagogeascoaObispo de Bilbao





1. Contexto general


1.1 Acercamiento a la realidad social


1. La actual radiografía social es indisociable de la grave crisis económica de los últimos años. Incorpora aspectos como el aumento de la pobreza, la grave proble­mática de la vivienda, el desempleo y la fragmentación social, que interpelan la mi­rada creyente a la realidad y, por ello, han de influir de modo significativo en la ac ­ción pastoral.


Pobreza


2.     La pobreza ha aumentado con la crisis y afecta de modo particular a quienes ya con anterioridad se encontraban en situación vulnerable. Los grupos más afec­tados son hogares formados solo por una mujer con hijos, inmigrantes y quienes no poseen estudios. Crece asimismo el número de personas en situación de grave exclusión. Si en 2008 las formas más graves de privación ligadas a la pobreza y a la precariedad afectaban al 2,7% de la Comunidad Autónoma Vasca, en la actualidad afectan al 6%. Cerca de 46.000 hogares se encuentran en exclusión severa.


3.   Bizkaia, especialmente en Bilbao y en la Margen Izquierda, es el territorio donde se concentran mayores niveles de pobreza. En Bizkaia-Costa se han duplica­do los niveles de pobreza anteriores a la crisis. Se detecta un deterioro de las condi­ciones de vida en hogares que han visto reducidos sus ingresos de manera conside­rable y están afrontando los gastos de la vida diaria con lo previamente ahorrado o con el apoyo de familiares. Esta realidad también tiene más presencia en Bilbao y Margen izquierda, pero es significativo el aumento producido en el Duranguesado.


4.     El problema de la vivienda, el desempleo y los problemas que se refieren a la salud son los principales factores que contribuyen al aumento de la exclusión y de la fractura social. En el ámbito de la vivienda es preciso reconocer la tarea de la Iglesia (comunidades religiosas, Cáritas y parroquias) a la hora de ofrecer viviendas para las personas y familias que carecen de ella.


5.     En el País Vasco destaca la incidencia de los factores relacionados con la pro­blemática social (malos tratos, adicciones, problemas con la justicia) y el aislamien­to social (hogares con convivencia deteriorada o con personas en instituciones) en las situaciones de exclusión. El 35% de personas en grave exclusión presentan pro­blemas relacionados con los aspectos citados.

 

Desempleo


6. El 58% de las personas desempleadas en la Comunidad Autónoma Vasca se encuentran en Bizkaia, donde la tasa de paro ronda el 17%. El 10% de los jóvenes entre 16 y 24 años ni estudia ni tiene oportunidad de acceder a un puesto de trabajo. El paro juvenil en Bizkaia supera el 40%. La tasa de paro de larga duración presentaba históricamente valores muy por debajo de los europeos y en los años de crisis se ha colocado por encima de la media europea. Se detecta un aumento del proceso de dualización social, es decir: puestos de trabajo más o menos estables, y bien remunerados, frente a otros mucho más frágiles, donde se accede al empleo y se sale en condiciones precarias. En las personas que padecen esta situación, se une al presente inestable un futuro inseguro, por las cotizaciones bajas e irregulares a la Seguridad Social, que tendrán como resultado la percepción de una pensión exigua en el momento de la jubilación.


7. En nuestro caso, el riesgo de dualización social se sitúa más en los procesos de precarización laboral que en la desigualdad en la distribución de la renta, que está contenida gracias a los sistemas de protección, principalmente la RGI (Renta de Garantía de Ingresos). De todos modos, la sociedad percibe que la desigualdad de oportunidades entre ricos y pobres es grande.

 

Iniciativas solidarias alternativas


8.     La economía social y solidaria en Euskadi está compuesta por más de 2.200 entidades y empresas que dan trabajo a 73.256 personas, lo que supone un 8% del total de empleos; de ellas, 5.836 presentan alguna discapacidad y trabajan en cen­tros especiales y otras 638 están en empresas de inserción.


9.     En el período 2010-2012 el conjunto de la economía social y solidaria ha expe­rimentado un ligero descenso tanto en número de entidades como de personas tra­bajadoras, que es paralelo al producido en la economía social tradicional (coopera­tivas y sociedades laborales). Pero el subconjunto de la economía solidaria y las empresas de inserción aumentó la oferta de puestos de trabajo. Hay que recalcar en este sentido la importancia de los apoyos institucionales a este subconjunto, lo que denota un mayor compromiso de nuestra sociedad con el mismo.


10.     En definitiva, las nuevas formas de economía social están soportando mejor el proceso de crisis. Este modelo económico, que aporta una concepción más hu­mana de la economía, se muestra viable incluso en contextos difíciles y realiza una aportación significativa a la sociedad tanto en empleo como en riqueza.

 

Expectativas de la ciudadanía


11. El desempleo, la situación económica y la clase política constituyen las prin­cipales preocupaciones de la ciudadanía. Le siguen el problema de la vivienda, la corrupción y el fraude. La inmigración no se percibe como problema relevante.


    12. En general, las expectativas de futuro tienden a ser negativas. El 80% conside­ra que la situación económica dentro de un año será igual o peor, y el 79% de la personas en paro considera poco o nada probable encontrar trabajo en los próxi­mos 6 meses.


13. Asimismo, la cronificación de los problemas sociales y de la precariedad está deteriorando las expectativas y centrándolas a menudo en la supervivencia. En ge­neral, se percibe baja confianza en las instituciones.


14. Aumenta la movilización ciudadana, con tendencia a participar en iniciativas políticas tales como firmar algunas peticiones, pasar mensajes, asistir a manifesta­ciones o incluso comprar o dejar de comprar algunos productos. Menos frecuente es la asistencia a la reunión de alguna asociación. El 81% de la población de Bizkaia ha realizado algún acto solidario en los últimos seis meses. Hay mayor tendencia a realizar donativos y ayudas, mientras la dedicación de tiempo a tareas solidarias es menor. Es social y eclesialmente significativo, sin embargo, que en el período 2009-13, el voluntariado en Cáritas aumentara en un 38% y el número de socios en un 23%.

 

Pacificación


15. Cuestiones relacionadas con la pacificación y la convivencia pasan claramen­te a un segundo plano. Con todo, existen reconocimiento y expectativas de lo que la Iglesia realiza en el ámbito de la paz y la reconciliación. La inmensa mayoría de la población rechaza la violencia en cualquier caso, pero desconoce el Plan de Paz y Convivencia del Gobierno Vasco. Lo que genera menos acuerdo social es la reinser­ción de las personas presas. Un 53% valora positivamente la aportación a la paz a través de los encuentros entre víctimas y ex-miembros de ETA.


Indiferencia en materia religiosa


16.     Los datos sociológicos de los últimos años muestran un aumento de quienes se consideran indiferentes, agnósticos o ateos. Aproximadamente un 54% de la po­blación de Bizkaia se considera católico, siendo entre ellos minoría quienes se con­sideran practicantes. Se evidencia una creciente secularización, un alejamiento de la fe, una progresiva caída en la práctica religiosa, de modo particular en las gene­raciones más jóvenes. Buena parte de quienes se han ido alejando de la comunidad cristiana y de la fe han participado en el pasado en procesos de iniciación cristiana y en movimientos o asociaciones de diverso signo.


17.     Para muchos conciudadanos, por tanto, Dios resulta desconocido o extraño. Ello puede considerarse, a su vez, como un estímulo, un incentivo para proponer el Evangelio con nuevas formas, nuevos rostros, nuevo impulso; una oportunidad para la acción evangelizadora de una Iglesia que desea proponer nuevamente el Evangelio y busca para ello nuevos areópagos para dar a conocer “al Dios descono­cido” (cf Hch 17,22-31).

 

1.2 Acercamiento a la realidad eclesial


18. Tras cincuenta años de recepción de la renovación propuesta por el Concilio Vaticano II, con sus fases e iniciativas diversas, entre las que la Asamblea Diocesana ocupa un lugar destacado, la Iglesia local se encuentra en un momento crucial. La comunidad cristiana percibe la necesidad y la urgencia de cambios importantes en su mentalidad, organización y estrategia pastoral. Hace tiempo que la fe cristiana y la Iglesia no interesan a buena parte de la ciudadanía. La transmisión de la fe se ha debilitado enormemente. El Evangelio aparece como extraño e incluso como intru­so en muchos ámbitos de la sociedad. La comunidad cristiana busca nueva signifi­catividad y credibilidad en la sociedad de Bizkaia fundamentadas en el Evangelio.


Comunión eclesial


19.     La comunión eclesial está debilitada en algunos sectores a consecuencia del desgaste y de las heridas de la historia social y eclesial reciente. Hay poca comuni­cación entre los diversos modos de entender la Iglesia y su tarea evangelizadora, lo cual ha facilitado la dispersión y el debilitamiento del sentido de pertenencia a la diócesis. Ello está demandando liderazgo pastoral por parte del obispo y de los presbíteros, principales responsables de la comunión.

20.     En el lado positivo, es preciso recoger la puesta en práctica de iniciativas en red y el desarrollo de la comunión en las unidades pastorales con sus equipos mi­nisteriales, así como la labor que realizan muchas instituciones insertas en el ámbi­to diocesano.

 

Preocupación por el futuro


21.     La tendencia de estos años lleva a las comunidades y a sus responsables a pre­guntarse por su futuro a medio plazo. Existe una preocupación, a veces angustiosa, por el porvenir de las parroquias de núcleos pequeños. Un indicador es el número de presbíteros. Actualmente son 285 los presbíteros seculares y 20 los religiosos con cargo pastoral en la diócesis: 200 son mayores de 65 años y de ellos 145 supe ­ran los 75 años. La diócesis cuenta también con 5 diáconos permanentes. Sin em­bargo, la cuestión más de fondo se refiere a la posibilidad de contar con fieles capa­ces por su número, formación y disponibilidad, de formar una nueva comunidad cristiana o de mantenerla donde existe o ha existido. A este respecto, también los datos referentes a comunidades y asociaciones laicales muestran en general una tendencia a la baja. Todo ello coloca a la diócesis en un momento relevante para planificar su presente y preparar su futuro.


22.     El impulso y la responsabilidad de la tarea evangelizadora no se basan ya úni­camente en los presbíteros, sino en personas de diversos estados de vida, que van concretando su vocación al servicio de las comunidades. Ciertamente se necesitan presbíteros para animar la tarea evangelizadora y para presidir la Eucaristía, sacra­

 

mento en el que se muestra y se realiza la Iglesia, pero junto a ellos han de promo­verse otros ministerios y carismas al servicio de la comunidad. Ello está demandan­do y produciendo ya cambios en el ejercicio del ministerio presbiteral y en la ani­mación de las comunidades. No basta con mantener lo existente sino que es nece­saria una transformación en clave misionera de la propia mentalidad, de nuestros hábitos y apuestas pastorales.


Presencia en el ámbito socio-caritativo


23.     La acción caritativa de la Iglesia es una de sus dimensiones constitutivas y lle­va aneja la preocupación por las personas más desfavorecidas, local y universal­mente. Cáritas diocesana es el rostro más visible de esa dimensión, que, más allá de la necesaria labor de solidaridad práctica con los colectivos en situación de grave necesidad, persigue la creación de una sociedad justa y solidaria, en la que las per­sonas vivan y crezcan de manera acorde a su dignidad.


24.     La respuesta de la sociedad y de la comunidad cristiana a la labor de Cáritas se ha mostrado enormemente positiva en el período de crisis actual, iniciado en 2008, tanto en el número de personas voluntarias como en el volumen de aporta­ciones económicas. Una de las labores más importantes de Cáritas ha sido la de promover y acompañar numerosas iniciativas institucionales en ámbitos diversos, entre los que merecen ser destacados los siguientes: drogadicción, promoción de empleo, vivienda, apoyo a las personas mayores, familia, comercio justo e inser­ción social. Ello ha dado lugar a la creación de una auténtica “red solidaria” y a una “dinámica creativa de la caridad”, que juega un papel significativo en la red más extensa en la que participan tanto las distintas administraciones como el rico teji­do asociativo, social y solidario, de Bizkaia, buena parte de él de matriz cristiana.


25.     En lo referente a la solidaridad internacional, las distintas entidades diocesa­nas están invitadas a dedicar el 1% de sus presupuestos a este capítulo. Además de las campañas especiales de Cáritas con ocasión de situaciones de emergencia, en este campo hay que mencionar el papel de la Delegación Diocesana de Misiones, la labor realizada por diversas familias religiosas y laicales con importante implanta­ción en otros continentes, el trabajo de las Obras Misionales Pontificias (OMP), Ma­nos Unidas y la creciente importancia de entidades eclesiales en este ámbito.

 

Presencia en la cultura


26.     Resulta especialmente significativa la presencia institucional de la Iglesia en el ámbito de la educación (los Centros Diocesanos y de Kristau Eskola, la Escuela Universitaria de Magisterio, el Instituto Diocesano de Teología y Pastoral, la Uni­versidad de Deusto). Aproximadamente la mitad de la población escolar de Bizkaia pasa por sus aulas. Ello plantea serios retos y notables posibilidades para la evange­lización de la infancia y de la juventud, así como de adultos y profesionales.

27.     La diócesis, a través de sus instituciones, está también muy presente en otros campos de la cultura. Los medios de comunicación, la lengua y la cultura vasca, el patrimonio artístico y bibliográfico son ámbitos que conocen la contribución cul­tural de la diócesis y concretan el diálogo permanente entre la fe cristiana y la cul­tura.

 

Participación del laicado


28.     El voluntariado, formado sobre todo por laicas y laicos, es el gran capital de la Iglesia. Mantiene la vida y los servicios de la comunidad y se hace presente en in­numerables iniciativas sociales. Sin embargo, también en este campo se evidencia una escasa capacidad de relevo e implicación de generaciones jóvenes.


29.     La vida y el servicio de las comunidades están sostenidos hoy sobre todo por mujeres. La catequesis, el servicio socio-caritativo en sus diversos ámbitos, la litur­gia, las asociaciones, comunidades y movimientos son buena muestra de ello. Es preciso seguir promoviendo su presencia y participación en la toma de decisiones importantes para la vida y misión de la comunidad cristiana.


30.     La demanda de laicado para el servicio de las comunidades no debe llevar a olvidar que la vocación apostólica del laicado se realiza en medio de la sociedad, tratando de ser sal y luz. Su vocación en el seno de la familia y en los ámbitos labo­rales, sociales y políticos debe ser propuesta con renovado vigor. Las necesidades internas no pueden acaparar el servicio del laicado. Es propio del laicado su secula­ridad, su presencia social, profesional y política, su libertad evangélica y su testi­monio y compromiso con la edificación del Reino de Dios. En todas las realidades humanas, los fieles laicos encuentran el lugar a donde son enviados para procla­mar la Buena Nueva.

 

Las comunidades de vida consagrada


31. Aun siguiendo el proceso general de disminución en número, en las comuni­dades de vida consagrada se encuentran a menudo impulsos y decisiones de reno­vación y actualización que redundan en beneficio de toda la Iglesia local. En este sentido, cabe destacar las asociaciones y comunidades de carácter laical nacidas de los carismas de estas comunidades.


Necesidad de prioridades


32. Se percibe que tanto los retos sociales (viejas y nuevas pobrezas, exclusión social, violencia doméstica, inmigración, realidad juvenil) como los eclesiales (ne­cesidad de una espiritualidad recia y bien asentada, necesidad de ardor apostólico y misionero, capacidad de transmitir la fe en la familia y a las nuevas generaciones, presencia pública, transformación de la sociedad según el Reino de Dios, formación del laicado, corresponsabilidad y comunión) desbordan las capacidades de la co­munidad cristiana, lo cual parece aconsejar un ejercicio de discernimiento bajo la guía del Espíritu. Buena parte de los responsables de parroquias, unidades pastora­les y servicios diocesanos están demandando fomentar aquellas asociaciones, co­munidades, movimientos y actividades que respondan a las necesidades de la evan­gelización en las actuales circunstancias. Se echa en falta una mayor capacidad para definir prioridades. Con la pretensión de responder a todo se está corriendo el riesgo de frustrar a los agentes y de debilitar el servicio pastoral.


Percepción social de la Iglesia


33.     En el conjunto de la sociedad, la Iglesia diocesana es percibida como samari­tana, dispuesta a ayudar, accesible para quien pasa necesidad. Su servicio so­cio-caritativo recibe un alto reconocimiento social. Es vista como solidaria, com­prometida. Buena parte de la sociedad espera de ella la difusión de valores de con­ducta y estilos de comportamiento válidos para superar una crisis como la actual que va más allá de factores puramente económicos.

34     Por otra parte, aun reconociendo la disponibilidad de la Iglesia para el servicio, se desea que tome más la iniciativa de acercarse a las personas y a los colectivos, sin quedar solamente a la espera. Se demanda mayor transparencia, austeridad y veraci­dad, la necesidad de innovar, coherencia en sus obras con lo que predica, con capaci­dad de escucha. También se pide una mayor accesibilidad, cercanía y compromiso. Tanto desde el interior como del exterior de la comunidad cristiana se observan gra­ves dificultades de inserción en la juventud y en su cultura. Numerosos jóvenes han sido acompañados en itinerarios de iniciación y en ámbitos escolares de inspiración cristiana, pero existe una gran distancia entre ellos y la Iglesia.

 

Influencia del papa Francisco


35.     Es justo señalar que los gestos, palabras y decisiones del papa Francisco, espe­cialmente su Exhortación Evangelii gaudium, gozan de gran acogida en amplios sectores. Sus propuestas de un estilo de vida austero y humilde, así como su denuncia de la exclusión son muy valoradas. Han generado expectativas y han alentado deseos de renovación y de nuevo impulso misionero en las comunidades cristianas.


36. En concreto, la convocatoria del Sínodo sobre la familia y el proceso de con­sulta y preparación seguido han despertado interés por conocer y acoger las pro­puestas pastorales que en este ámbito puedan surgir los próximos años.

 

1.3 Aprendiendo del Plan anterior


37.   El curso pastoral 2013/14 ha servido como puente entre el IV PDE y el que ahora se presenta. En este tiempo se han llevado a cabo la evaluación del anterior y

la elaboración de la nueva propuesta, tras la consulta a los territorios y los intensos diálogos y debates consejos diocesanos (Presbiteral, Pastoral y Episcopal). La am­plia participación en este proceso muestra el interés suscitado por este Plan, en un momento que se percibe especialmente relevante para la evangelización en la dió­cesis a corto y medio plazo.


38. Tratando de recoger las consideraciones más elementales realizadas al eva­luar el IV PDE, cabe distinguir logros y limitaciones. Entre los primeros, destacan los siguientes:


.       Los planes van sirviendo para recordar y concretar la opción evangeliza­dora de la diócesis.

.       Se ha avanzado en la remodelación de modo significativo.

.   El Plan ha respaldado iniciativas de renovación de la acción pastoral y ha fomentado la colaboración.

.       El ámbito de la educación se va implicando cada vez más en los planes diocesanos.

.       El Gesto Diocesano de Solidaridad ha sido altamente valorado y ha servido para hacer visible el Plan.


39. Posiblemente, las debilidades y limitaciones enseñan más de cara al futuro. En este capítulo, en la evaluación se destacan las siguientes consideraciones:

.       El Plan no acaba de ser, en bastantes casos, la referencia central o la fuen­te de inspiración del quehacer pastoral. A veces se ve como un añadido. Cuesta optar y priorizar.

.       La dimensión netamente misionera es débil y resulta la más difícil de asu­mir en la práctica.

.       Ha existido un desfase entre las pretensiones y las expectativas por un lado, y las posibilidades y recursos reales por otro.

.       Ha estado pensado sobre todo para unidades pastorales y parroquias; me­nos para comunidades pequeñas y movimientos.


.       40. La evaluación del IV PDE permitió recoger pautas generales para el futuro. Se pedía ante todo sencillez y realismo, teniendo en cuenta las personas y comunida­des que van a activar y a llevar a cabo el plan; que las prioridades fueran pocas y

.       claras. Se deseaba que llegara a la asamblea dominical. Se apuntaba también la ne­cesidad de elaborar procesos, más que de proponer actividades.


.       41. En este contexto surgen la continuidad y la novedad del nuevo Plan. Así, es prácticamente unánime el parecer acerca de la necesidad de un plan, es decir, de un instrumento pastoral que proponga los motivos, fines y modos adoptados por la diócesis para llevar a cabo su misión evangelizadora. Resulta también indiscutible el carácter diocesano del Plan, esto es, que afecta a las diversas realidades eclesiales, tanto personales como comunitarias y sirve a la articulación y comunión entre ellas. En este sentido, el Plan aspira a ser la fuente de inspiración del quehacer pas ­toral, el instrumento que alienta y orienta la pastoral de conjunto. Se desea asimis­mo un plan de evangelización, que procure ir pasando de planteamientos centrados en el mantenimiento a propuestas de carácter misionero. En las pretensiones men­cionadas, el presente Plan se comprende en continuidad con los anteriores.


.       42. Por otra parte, el tiempo de evaluación del IV PDE y de elaboración del actual ha revelado la necesidad de introducir aspectos nuevos y relevantes, superando posibles inercias. Ello se ha debido a varios factores: la conciencia de limitación y debilidad de los agentes de pastoral sobre quienes recae la dinamización del Plan; la percepción de estar atentos a demasiados asuntos, perdiendo quizá de vista lo más nuclear de la evangelización; la dificultad de priorizar, que significa resituar, ordenar o reducir “lo de siempre y como siempre”; la convicción de vivir en la so­ciedad y en la Iglesia un tiempo nuevo. El notable cambio experimentado estos años en la sociedad y en la Iglesia invita a modificar el estilo de plan que se ha ve­nido proponiendo y realizando los últimos años, así como a pensar la dinámica pastoral para los próximos años.

 

2. Espíritu del Plan

 

43.     El presente Plan quiere renovar en profundidad la vida de nuestra Iglesia dio­cesana como una Iglesia en salida, en conversión pastoral, dispuesta al encuentro, siguiendo las orientaciones del papa Francisco en su Exhortación Evangelii gaudium (EG), en la que invita a cada Iglesia particular a entrar en un proceso decidido de discer­nimiento, purificación y reforma (EG 30).


44.     Con el lema elegido —¡Salid al encuentro!— se pretende recoger y resumir el es­píritu del plan. Se trata de subrayar el aspecto misionero de la evangelización, for­talecer la convocatoria, el anuncio y la propuesta de la fe. Se asume así la aspira­ción principal de la Exhortación papal citada y la constatación realizada al evaluar el anterior Plan, en el sentido de que el objetivo misionero fue el más trabajado y al mismo tiempo más escaso en resultados.


45.     La invitación recogida por el lema se concreta en tres ámbitos de actuación, que no están separados, sino esencialmente vinculados entre sí: el de la espirituali­dad, el de la solidaridad y el de la comunión. El primero nace del encuentro con Je­sucristo, siguiendo el sentido de la cita evangélica que sirve como lema: es el Señor el que llega, el que viene, y provoca la salida a su encuentro. Este encuentro es el fundamento de la identidad cristiana, de su testimonio y misión. En este sentido, es necesario examinar el modo en que se realiza el primer anuncio, la invitación a la conversión, y la inserción en el catecumenado. Es necesario fomentar el cultivo de una espiritualidad recia, que transforme la propia existencia y nos convierta en au­ténticos discípulos y misioneros de Jesús. También debemos preguntarnos acerca de la capacidad evangelizadora de nuestras plataformas eclesiales, adecuación a la realidad en la que viven, objetivos marcados, sus agentes, programas, materiales, medios, métodos, estilos…


46.  El segundo ámbito se concreta en acudir a lo que el papa Francisco llama peri­ferias existenciales (EG 20, 30, 46, 53, 59, 63, 191 y 288); ahí, en los pobres y necesita­dos de todo tipo, en quienes sufren y en quienes buscan se hace especialmente denso y presente el rostro de Dios. Hoy en día asistimos al doloroso espectáculo de tantas heridas y carencias en nuestros hermanos y hermanas. Carencias materia­les, en los empobrecidos, indigentes, sin techo. Carencias de trabajo, de porvenir, de futuro. Carencias afectivas en la violencia doméstica, en la soledad de los enfer­mos y ancianos. Carencias espirituales en quienes no conocen el amor de Dios, vi­ven en la desesperanza, en la sensación de fracaso, no encuentran sentido a la exis­tencia, han experimentado la traición, la desilusión, la amargura, el rencor. Caren­cias sociales en quienes no se reconoce su dignidad, son abandonados a su suerte, sufren la “cultura del descarte”, carecen de consideración y atención en sus necesi­dades y sufrimientos.


47.  El tercer ámbito se propone fortalecer la comunión eclesial, impulsar el en­cuentro entre todos, entre creyentes y comunidades de diverso signo, viviendo la diversidad en la unidad como un don del Espíritu, un Pentecostés para la tarea evangelizadora. Esta comunión nace de una permanente conversión, de la apertura al otro, de tomar conciencia de que también el otro me pertenece y formamos par ­te de una misma familia donde hay diversidad de dones y carismas, pero todos ellos necesarios y armonizados con vistas al testimonio y a la evangelización.


48.     El horizonte del Plan conduce inmediatamente a la pregunta que resuena constantemente: ¿Quiénes? Salir al encuentro, sí, pero, ¿con quién se cuenta? Di­cho de otro modo, es preciso tomar conciencia de la realidad diocesana en general y en particular. Es conveniente tomarse un tiempo de discernimiento, para perfilar la misión y acordar iniciativas y compromisos con realismo. En este sentido, tan contraproducente resulta el idealismo de pensar que es posible todo lo imaginable, como el espiritualismo de creer que Dios actúa al margen de toda mediación huma­na.


49.     La Iglesia diocesana percibe hoy una especial llamada a intensificar la acción con estos tres ámbitos señalados, con el convencimiento de que ahí se juega su identidad y su credibilidad en la actual sociedad de Bizkaia. La asunción de estos tres ámbitos por parte de las instancias eclesiales y de los agentes pastorales ayu­dará, sin duda, a definir y a ajustar acciones con realismo y visión integral.


50. Es preciso hacerlo en un momento en el que la complejidad de los retos y la debilidad reconocida pueden invitar al repliegue y a la resignación. No caigamos en la psicología de la tumba, en palabras del Papa Francisco: Desilusionados con la re­alidad, con la Iglesia o consigo mismos, viven la constante tentación de apegarse a una tris­teza dulzona, sin esperanza, que se apodera del corazón como el más preciado de los elixires del demonio. (…) ¡No nos dejemos robar la alegría evangelizadora! (EG 83). No pocas veces, los propios agentes pastorales, agobiados por el exceso de servicios sacramentales y gestiones organizativas, están tentados de pensar que ya es suficiente con man­tener lo que hay, olvidando que, en lógica evangélica, retener es perder, proponer es ganar. Ser Iglesia consiste en salir, en ser testigos (cf EG 19-24).

 

3. Goazen! — Puesta en marcha


Inicio del Plan


51. El inicio del curso pastoral 2014/15 presenta algunas novedades. Se trata de ponernos en marcha como diócesis, a la escucha del Espíritu, en este inicio de cur­so pastoral en el que se estrena el V PDE. Para ello se ha organizado una jornada de presentación y puesta en marcha.

Curso pastoral 2014-15


52.     El V Plan contempla un primer año de discernimiento, de mirada creyente a la realidad social y eclesial, para poder discernir las llamadas del Espíritu a las co­munidades concretas y al conjunto de la Iglesia local, teniendo en cuenta a quienes las componen. Este primer año se tratará de contrastar nuestra identidad con la re­alidad vivida y el futuro deseable. Estamos llamados a salir al encuentro, es decir, a mejorar la relación con Dios, con los necesitados y entre nosotros. El discernimien­to plantea responder a esa llamada desde lo que somos y deseamos ser: ¿Quiénes somos? ¿Cómo estamos? ¿Cómo vemos la realidad social y eclesial desde una pers­pectiva creyente? ¿Cómo vemos nuestro presente y nuestro futuro a corto plazo? ¿Desde dónde partir? ¿Qué es lo fundamental? ¿Qué tiene que renacer? ¿Qué debe­mos cuidar? ¿Qué dejar? ¿Cómo organizarnos? ¿Cómo sostener nuestra acción mi­sionera?


53.     En breve se enviará un guión más elaborado y completo, que sirva para cen­trar la reflexión del curso, acompañada por las orientaciones y propuestas de la Exhortación Evangelii gaudium. Serán seis guiones para ser tratados de noviembre a abril, mes en que se tratará de recoger las conclusiones. Ciertamente hay lugares donde varias de las preguntas arriba citadas están ya respondidas y existen “bue­nas prácticas” al respecto. En ellos se trataría de actualizarlas y compartirlas, con objeto de realizar la tarea en común. El Consejo Episcopal recogerá la reflexión jun­to con las iniciativas, para comunicarlas al conjunto de la diócesis.


4. Zoaze! — Desarrollo del plan. Período 2015-2018


54. Los años siguientes se dedicarán a desarrollar lo discernido y propuesto por cada realidad el primer año. El Consejo Episcopal propondrá líneas generales de ac­tuación, buscando la articulación de lo propuesto, y dispondrá el acompañamiento para su desarrollo.


Tareas permanentes


55.     Existen, además, cuatro tareas permanentes, que han sido consideradas espe­cialmente importantes para la misión de la Iglesia local en los próximos años: la aplicación del Directorio de la Iniciación Cristiana, el interés por la paz y la recon­ciliación, el avance en la remodelación pastoral y la consolidación de las unidades pastorales junto al discernimiento y el consiguiente nombramiento de referentes parroquiales allí donde sea necesario.


56.     El Gesto Diocesano de Solidaridad, acción altamente valorada del anterior Plan, constituye un legado que merece continuidad durante los próximos años.

 

Bilbao, 4 de julio de 2014

Festividad de S. Valentín de Berriotxoa