Pentecostés

 

Un feligrés preguntó:¿Qué puedo hacer para llegar a Dios? Y la respuesta fue. ¿puedes hacer algo para que cada mañana amanezca? Enfadado decía: ¿a qué viene entonces tanta insistencia en la oración? Para que esté despierto cuando amanezca.

 

Gracias, Padre Bueno, pues en esta fiesta de Pentecostés estamos invitados: No tanto a llegar a Dios, sino a dejar que Dios llegue a nosotros. No a buscar manipular al espíritu, sino a estar despiertos para acogerlo. No a inventar y pedir métodos de oración, sino a dejar que El Espíritu nos mueva y enseñe a vivir como tener, tener sus mismos sentimientos y sueños. No a ser los relaciones publicas del Espíritu santo, sino a ser personas “espirituales”, personas que manifiestan la presencia y la acción del Espíritu en ellas.

 

Gracias por el aviso, Padre. No parece tan complicado.

 

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 2,1-11


Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidosen el mismo lugar. De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería. 


Se encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma. Enormemente sorprendidos, preguntaban:


- ¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno los oímos hablar en nuestra lengua nativa?


Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia o en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene; algunos somos forasteros de Roma, otros judíos o prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua.

 

Comentario

 

Hemos colocado este cuadro de Pentecostés tratando de “romper” cierto imaginario, bastante reduccionista, sobre este acontecimiento. Si leemos bien los Hechos esta imagen se aproxima más a la realidad.

 

Los símbolos del viento y el fuego manifiestan la transformación que el espíritu obra en la comunidad, orientándola del miedo y la nostalgia, al futuro misionero. Todo se abre, se oxigena y renueva.

            En este tiempo en que estamos “cargando pilas” para dinamizar nuestra Iglesia “en obras” unas palabras del papa Francisco: Pentecostés nos pone en estado permanente de conversión (personal y pastoral), para no caer en una especie de “introversión eclesial”, con el Espíritu nos situamos en una dinámica: “la pastoral en clave de misión pretende abandonar el cómodo criterios pastoral del siempre se ha hecho así. Invito a todos a ser audaces y creativos en esta tarea de repensar los objetivos, estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores”(EG33). Y en esta tarea “no hay suplentes”. 

            Es la comunidad entera la que recibe el Espíritu y es transformada, y no la de unos pocos, es la Iglesia pueblo profético llamado a salir de su confort.

 

Salmo103, 1ab y 24ac. 29bc-30. 31 y 34 


Envía tu Espíritu Señor y repuebla la faz de la tierra
        

            

Bendice alma mía, al Señor: 

¡Dios mío, qué grande eres! 

Cuántas son tus obras, Señor; 

la tierra está llena de tus criaturas.

 

Les retiras el aliento, y expiran 

y vuelven a ser polvo; 

envías tu aliento, y los creas, 

y repueblas la faz de la tierra.

 

Gloria a Dios para siempre, 

goce el Señor con sus obras. 

Que le sea agradable mi poema, 

y yo me alegraré con el Señor.

 

Comentario

 

Estamos ante un muy largo salmo de alabanza a Dios por las maravillas de la creación, va recorriendo la totalidad de las cosas creadas y de los días de la creación, como si se tratara de un nuevo relato de la creación. Es un salmo que recoge muchos elementos de Génesis 1.Y que la liturgia relaciona con el espíritu santo, y por tanto con la nueva creación. Es bueno rezarlo para fortalecer nuestra conciencia de la creación y nuestro compromiso con la vida, con el cuidado de la casa común.

            

El rasgo principal de Dios en este salmo es, como decíamos, el de creador, ahora bien de creador aliado con el ser humano en la aventura de la vida.

Comienza y termina igual: “Bendice alma mía al Señor”. Se trata de una liturgia de alabanza que sintetiza la actitud fundamental del ser humano ante el Dios que nos ha regalado todas las cosas: la alabanza. Todo lo que el Señor hizo “era bueno” y la mejor respuesta del ser humano será la alabanza y el cuidado de lo que se nos dio para el disfrute de todos y de todas las generaciones.

 

La cuarta parte del salmo (que es lo que hoy básicamente se lee) presenta la conclusión a la que llega el salmista: va a dedicar su vida a cantar y alabar al Señor. Es una alabanza que nos hace pensar en el “séptimo día de la creación”, el día de la fiesta y la comunión con Dios. Alabanza y tarea. 

 

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12,3b-7. 12-13 

Hermanos: 


Nadie puede decir: «Jesús es Señor», si no es bajo la acción del Espíritu Santo. 
Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. 
Porque, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. 


Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu. 

 

Comentario

 

La tradición paulina nos brinda otra perspectiva de la acción y recepción del Espíritu, que se recibe en el contexto del bautismo, que marca el inicio de ser-en-Cristo, ser criaturas nuevas. El apóstol destaca las capacidades y dinamismos que el Espíritu provoca en la comunidad. Sorprende la riqueza espiritual de aquella comunidad corintia con la atonía que amenaza a muchas de nuestras comunidades. El Espíritu que en la narración de hechos otorgaba la unidad aquí otorga diversidad de carismas y ministerios, anima a hombres y mujeres a prestar servicios, a ejercer funciones en la vida y tarea de la comunidad naciente. Ahora bien, todo orientado al “bien común”; no se trata de “ir por libre”.

 

A destacar, entonces, el dinamismo y la riqueza que el Espíritu otorga a una comunidad movida por El, y por El orientada a la persona y al proyecto de Jesús. Conscientes de que no se pueden separar vida y misión, como no se puede separar Jesús y el Reino.


Lectura del santo evangelio según san Juan 20,19-23 


Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: 

 
Paz a vosotros


Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: 


- Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. 


Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: 
Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.

 

Comentario

 

En este relato volvamos a insistir en “el primer día de la semana”, es decir, el domingo, cuando la comunidad está reunida el Señor se hace presente, aunque esté las “puertas cerradas”. Fijaros en la insistencia en la “continuidad” del Jesús histórico (mostrando las manos y el costado) y la “discontinuidad” (entra con las puertas cerradas)

 

Y el Señor invita a pasar del miedo a la paz y a la alegría y desde ahí llama a la misión, a la tarea. La paz y la alegría no son dones para el regodeo personal. Son punto de partida del envío. Enviados como el Padre le envió …. para hacer su voluntad y abrir caminos de vida.

 

No pasar por alto, que la misión de la comunidad, que es posible gracias al Espíritu, es una llamada a renovar la humanidad mediante  el perdón que sana, la reconciliación de la relaciones. Al final se trata de crear espacios, escenarios de vida humana.

 

Para la reunión.

 

1. Comenzamos orando la oración al Espíritu (la secuencia de Pentecostés) y dejando un tiempo para interiorizarla.

 

2. No podemos olvidar que este domingo es el día del “apostolado seglar” y de la “acción católica” que nos hablan de misión, tarea en el mundo. ¿Cómo está el laicado entre nosotros?

 

3. Así, a bote pronto, destaca las dos o tres cosas que más te hayan impactado al preparar la reunión, al leer los textos en la calma

 

4. El Espíritu se derrama sobre toda la comunidad, sobre los bautizados, no es privilegio de unos pocos…. La misión es tarea compartida, aquí no hay suplentes.

 

5. Atención a la obra del Espíritu: es envío, es don que entreteje en comunidad, pues “los carismas son para el bien común…. Los carismas “por libre”, que no construyen comunidad tampoco sirven para la misión. Podemos comentar estas afirmaciones.

 

6. Se ha convocado, por la CEE, una asamblea del laicado en  febrero de 20120. Os envío la página web que han abierto con valiosos documentos: www.pueblodediosensalida.com¿Se os ocurre si podíamos hacer algo?

 

Rezamos

 

Ven, Espíritu Divino

manda tu luz desde el cielo. 

Padre amoroso del pobre;

don, en tus dones espléndido;

luz que penetra las almas;

fuente del mayor consuelo.

 

Ven, dulce huésped del alma,

descanso de nuestro esfuerzo,

tregua en el duro trabajo,

brisa en las horas de fuego,

gozo que enjuga las lágrimas

y reconforta en los duelos.


Entra hasta el fondo del alma,

divina luz y enriquécenos.

 

Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.


Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.


Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse 
y danos tu gozo eterno. Amén.