Goazen

Nuevos caminos

 

Si hoy estamos aquí reunidos como Iglesia en Portugalete y en comunión con la Iglesia que vive y trabaja en Bizkaia, reunida a esta ahora en la catedral con el obispo, es para acoger la llamada a ir a la otra orilla, a terrenos desconocidos (como lo fue para el pueblo hebreo al pasar el Jordán y entrar en tierras extrañas) como para aquellas primeras comunidades que empezaban a moverse por fuera de Galilea, en tierras con costumbres desconocidas.

 

Nos han cambiado el paisaje, social y eclesial, y esto es una llamada a saber resituarnos. Ya nos llamó la Iglesia de Bizkaia, en el año 2000, a “nacer siendo ya viejos”. Las reacciones, creo que todos somos conscientes, han sido diversas y hasta contrapuestas.

 

¡pa qué tanto!, ¡ya vale de cambios! ¡no estamos para trotes, miedo, acostumbrados a repetir,….tristeza o ilusión, cansancio o esperanza o esperanza cansada, …. ganas pero no saber qué o cómo hacer, no saber con quién contar. Ahora bien como dice el papa Francisco: Espero que todas las comunidades procuren poner los medios necesarios para avanzar en el camino de una conversión pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como están” (EG25) una conversión que implica “el aumento de nuestra fidelidad a nuestra vocación” de bautizados, de llamados por el Señor a estar con El y a expulsar todo lo que separa en nuestra sociedad, a la vez que es una llamada a cambiar estructuras eclesiales. Y entre nosotros será una llamada a trabajar por configurar esa Unidad Pastoral que supone pasar de 5 a 1. No de coordinar el trabajo de cinco, sino trabajar juntos en las mismas acciones y así saber, tras escuchar, vivir y actuar más evangélicamente.

 

Desilusionados con la realidad, con la Iglesia o con nosotros mismos, podemos vivir la tentación de apegarnos a una tristeza dulzona que lleva al acostumbramiento… y a la injusticia con el tenue susurrar del “siempre se hizo así”. Tristeza que vuelve estéril todo intento de transformación y conversión  «Ésa no es la opción de una vida digna y plena, ése no es el deseo de Dios para nosotros, ésa no es la vida en el Espíritu que brota del corazón de Cristo Resucitado» y para la que fuimos llamados,  cuando esa tristeza dulzonaamenace con adueñarse de nuestra vida o de nuestra comunidad, pidamos y hagamos pedir al Espíritu que «venga a despertarnos, a pegarnos un sacudón en nuestra modorra, a liberarnos de la inercia. Desafiemos las costumbres, abramos bien los ojos, los oídos y sobre todo el corazón, para dejarnos descolocar por lo que sucede a nuestro alrededor y por el grito de la Palabra viva y eficaz del Resucitado»

 

La verdad es que en el evangelio no hay recetas.  El Señor de hecho, a sus seguidores no les envía una respuesta, les envía el Espíritu Santo. Y el Espíritu no viene con la agenda, viene como fuego, como viento recio, como valentía y entusiasmo.

 

Invitados a nuevos caminos. Ahora bien, en el viaje no vamos solos, no sólo porque vamos con nuestra diócesis (eso espero y deseo), así como con la Iglesia, con la barca de Pedro, sino por algo más importante. Decía que el Espíritu es lo que pedimos en este encuentro, la fidelidad al mismo.

 

Y fijaros: en el viaje también nos acompaña siempre el Señor. Era bajo el signo del arca en el Jordán y es el Señor que invita a ir a la otra orilla, el que también se embarca en la travesía. 

 

La cuestión es que, escuchando la invitación, caigamos en la cuenta de la compañía. El va con nosotros. ¿Le dejamos que vaya dormido  o estamos dispuestos a escucharle haya tormenta o no la haya? Será capital que todos renovemos nuestra vocación, que como hemos hecho con la aspersión bautismal, todos aceptemos una “conversión” personal. Y parece que conversión quiere indicar que se trata de una llamada a volver a las fuentes sanas, a las fuentes de agua viva. “Necesitamos redescubrir cada día que somos depositarios de un bien que humaniza, que ayuda a llevar una vida nueva”, que tenemos algo que aportar a la vida digna, a la convivencia en nuestra sociedad.

 

No es solo cuestión de programas, es también cuestión de abrir los corazones y desprenderse de muchas cosas que pesan y no dejan caminar ligeros. Como decía el Señor habrá que sacudirse el polvo de los pies, para que estos estén ligeros. Y habremos de ejercitarnos en el valor de la renuncia. Decía el Papa a los miembros de Caritas internacional: es capital el coraje de la renuncia. El resultado de esa gran discusión (se refiere al llamado Concilio de Jerusalén en la primitiva Iglesia)  no fue imponer algo nuevo, sino qué dejar de lo viejo….. La identidad religiosa estaba en juego. Sin embargo, eligieron que el anuncio del Señor es lo primero y vale más que todo. Por el bien de la misión, anunciar a cualquiera, de manera transparente y creíble, que Dios es amor. Ahora bien, atención, debemos evitar el gatopardismo, es decir, pretender cambiar algo para que en realidad nada cambie. …..El Señor no quiere ajustes cosméticos, quiere la conversión del corazón, que pasa a través de la renuncia. Salir de uno mismo es la reforma fundamental.Como podéis comprender esto implica escuchar, contemplar al Señor, encontrarse con los hermanos en torno a la Palabra y a la mesa del pan partido, asumir cada uno su responsabilidad sin esperar que lo hagan los otros.

 

¿En ese ir a la otra orilla, qué procesos hemos de poner en marcha o mejor, si queréis, potenciar, alimentar, cuidar? Actitudes a cuidar que estarán en la base de la posibilidad de levantar y posibilitar la vida de una Unidad Pastoral en Portu que responda a las demandas del evangelio y a la situación real de las gentes de este pueblo.

 

Os propongo cuatro:

 

1. Trabajar por pasar de un Iglesia hoy por hoy aun demasiado clerical a una iglesia de bautizados. De clerical y piramidal a ministerial y circular. Todos responsables.

 

2. Ir pasando de una Iglesia cultual a una Iglesia servicial. Una Iglesia que no sirve no sirve para nada. Una llamada a hacer presente a Caritas en la vida eclesial y acompañar y animar una presencia del laicado en la vida social, animando así la caridad política

 

3. Posibilitar el paso de una Iglesia dadora y suministradora de servicios, centrada en lo sacramental a una Iglesia acogedora y de propuesta de un arte de vivir en torno al Resucitado y que sabe celebrar la Eucaristía y los otros sacramentos.

 

 

4. Hacer esfuerzos por superar la tendencia individualista y consumista en nuestra manera de vivir como cristianos y desarrollar un fuerte sentido eclesial, vida comunitaria. Que todos sean uno para que el mundo crea.